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sábado, 26 de octubre de 2013

¿Quién eres tú?

Somos un cúmulo de distintos personajes: el miedoso, el atrevido, el explorador, el bromista, espontáneo, analítico, planificador, juguetón, serio, amable, brusco, impulsivo, indeciso, profesional, amoroso, el gruñón, el presumido, el solitario, el juez, el complaciente, competitivo, compasivo, holgazán…  La interrelación de todos ellos es lo que nos configura como personas, la interrelación es lo que aporta el valor añadido al conjunto.

Cada uno de ellos juega su papel en el momento en el que le corresponde y eso hace que nos comportemos de diferentes modos según la situación que percibamos. Nuestros comportamientos dependen de la realidad que creemos vivir. Creamos lo que creemos y esa creación se traduce en un comportamiento que, a su vez, por interacción con los demás, da lugar a nuevos comportamientos.

¿Sabemos adaptarnos a las diferentes situaciones o, por el contrario, nos comportamos siempre igual? ¿Actúas del mismo modo cuando estás con tus amigos que en el trabajo, con tu familia, con tu pareja?

Te invito a que identifiques a tus personajes. Etiquétalos y anota cuándo aparecen, te ayudarán a conocerte mejor. El primer paso, obsérvate a ti mismo en las diferentes situaciones.

El desarrollo de nuestras capacidades de comportamiento determina la calidad de nuestras relaciones así como nuestra evolución. ¿Qué es lo que te molesta del comportamiento de los demás? ¿Cómo reaccionas tú? Sólo podemos hacer que el comportamiento que nos irrita en los demás cambie si primero cambiamos nosotros el nuestro. Requisito imprescindible, ser conscientes. Si lo que haces no funciona, prueba a hacer algo diferente, deja que otro de tus personajes salga a la luz.

¿Cuál de ellos te boicotea más?, ¿cuál es el que te impide evolucionar?, ¿cuál está luchando por salir a la luz?

Quiero recordar que nuestros comportamientos están precedidos por emociones y éstas, como dice mi tocaya Marian Frías (psicóloga, sexóloga y coach), son un TESORO. Nos están diciendo cosas constantemente, si aprendemos a escucharlas, lograremos descifrar su código y utilizarlas en nuestra propia evolución.

¿Quién eres tú? ¿Eres quien te gustaría ser?

Nos componemos de una infinidad de personajes. Evolucionamos en función del surgimiento de personajes latentes que nos habitan. Estamos, por tanto, en un devenir y, todavía y siempre, por descubrir.”- Françoise Kourilsky.

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miércoles, 25 de septiembre de 2013

La intención positiva.


“Todo depende del color del cristal con que se mire”.  Seguro que lo habéis oído miles de veces, sin embargo, lo importante es ¿con qué color lo miras tú?

“Busca la intención positiva”, otra expresión que últimamente no paro de escuchar. Todo lo que te sucede tiene un trasfondo positivo. ¿Todo, todo?, pensé la primera vez que me lo dijeron a mí. Sin embargo, la segunda fue distinto. La segunda vez me lo preguntaron, ¿cuál  es la intención positiva de que te sientas así? He de confesar que me quedé estupefacta. ¿Estas loco?, pensé, ¿cómo va a tener esto algo de bueno? Sin embargo, lo tenía y, tras un rato escuchando el eco de la pregunta en mi cabeza, me di cuenta de que de no haber sido por las circunstancias, que yo consideraba tan nefastas, probablemente no hubiera estado haciendo lo que hacía en aquel momento, que no era otra cosa que formarme como COACH. Esa era la intención positiva.

De esto hace un año. Hoy puedo decir que, GRACIAS A LAS CIRCUNSTANCIAS, he ampliado mi ángulo de visión, me he enriquecido personal y profesionalmente y he ampliado mi zona de confort. He aprendido a ser consciente, a vivir plenamente el aquí y el ahora y a NO JUZGAR ni a los demás, ni a mí misma (aunque no siempre lo consiga). Hoy asumo totalmente la responsabilidad de mis actos y tomo decisiones con libertad. He descubierto que tengo un aliado infalible, que siempre ha estado ahí aunque no le prestara suficiente atención. Que me hablaba alto y claro aunque me empeñara en no hacerle caso. Hoy se que escuchar sus mensajes me sentará muy bien. Hoy se que actuar en línea con ellos tendrá recompensa: la autenticidad. Este aliado no es otro que el corazón.

GRACIAS A LAS CIRCUNSTANCIAS por reorientar mi espíritu inconformista, por conectarlo con mi espíritu de mejora (la intención positiva) por ser el caldo de cultivo de mi reinvención. Gracias por permitirme seguir evolucionando. Gracias por enseñarme a aprender.

“El principio de intención positiva establece lo que es necesario para ser capaz de cambiar un comportamiento de forma permanente, o resolver un síntoma o resistencia. El principio de intención positiva trata temas de cambio, curación y ecología más que de moralidad o justicia. Se refiere más al futuro que al pasado. El principio de intención positiva simplemente afirma que la curación o corrección asociativa supone añadir más elecciones al modelo del mundo empobrecido del individuo. Estas nuevas elecciones deberían ser capaces de satisfacer la intención positiva o propósito que el individuo (conscientemente o inconscientemente) está intentando satisfacer, pero sin tener las consecuencias negativas o patológicas del comportamiento o síntoma problemático.” – Roberto Dilts.

¿Qué tal si vas en busca de la intención positiva? Puede ser el “efecto placebo” que necesitas.                        

Recuerda, lo bueno de la oscuridad es que te permite  ver las estrellas.

“La manera en que nos sentimos depende en gran medida de cómo anticipamos que nos sentiremos”- Irving Kirsch.

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lunes, 1 de abril de 2013

Ser consciente

Ser consciente, tan importante y tan poco considerado. Aquí me voy a referir a ser consciente de uno mismo, de nuestros propios actos, de nuestros pensamientos, de cómo somos hoy y cómo queremos ser mañana.

Lo primero que hemos de hacer cuando queremos modificar nuestro comportamiento es saber qué origina dicho comportamiento, para ello es fundamental que nos observemos, que comprendamos nuestras reacciones y que aprendamos algo de ellas.

¿Qué significa observarnos? Significa dedicarnos tiempo. Significa vivir el presente, aquí y ahora, con todos los sentidos puestos en ello, concentrados. De este modo, podremos descubrir cuáles son los desencadenantes de nuestras emociones y la reacción impulsiva que de ellos se desprende. Observar cómo escuchamos, cómo percibimos los estímulos, cómo los procesamos (juzgamos, relativizamos, aprendemos, dogmatizamos, censuramos, encasillamos…), cómo reaccionamos, cómo manifestamos nuestras emociones y nuestras acciones. Cómo nos comportamos.

Para ser capaces de observar todos esos aspectos que nos conforman tal y como somos hoy en día, hemos de esforzarnos mucho en estar atentos, en no poner el piloto automático. Debemos fijarnos más en cómo los acontecimientos producen efectos en nosotros mismos que en los acontecimientos en sí.

Con la observación viene el aprendizaje, en este caso, sobre nosotros mismos. Comenzamos a comprender cómo son nuestros mecanismos de respuesta y, si no nos gustan, podemos empezar a cuestionarlos para cambiarlos. Es fundamental tomarse tiempo y practicar nuevas respuestas, las deseadas, para integrarlas en nuestro comportamiento hasta que las no deseadas queden desechadas por obsoletas y/o entorpecedoras en el logro de nuestros objetivos. Este aprendizaje es fundamental para adaptarnos al cambio y nos aportaría regulación emocional.

Por ejemplo, cuando experimentamos un estado de ansiedad, notamos una elevada tensión muscular. Dicha tensión muscular se produce automáticamente y de modo involuntario. Es la respuesta fisiológica de un estado de alarma, lucha, huida o emergencia, pero podemos aprender a controlarla voluntariamente (como cuando regulamos nuestra respiración). Si queremos salir de ese estado de ansiedad y lograr la relajación, hemos de centrarnos en la tensión muscular (requisito imprescindible: ser consciente de que tenemos dicha tensión muscular y de que estamos ansiosos) para perseguir una disminución de la misma. Para ello podemos hacer diferentes ejercicios físicos que nos ayuden a relajar la musculatura, esto activará una serie de mecanismos en nuestro sistema nervioso, logrando, a su vez, una sensación de relajación que sustituirá el estado inicial de ansiedad.

Por tanto, tomar conciencia de nosotros mismos nos ayuda a adaptarnos a los cambios para evolucionar hacia aquello que queremos ser y, de ese modo, lograr aquello que queremos conseguir. A descubrir nuestra esencia y darle la oportunidad de manifestarse. En ocasiones necesitamos a alguien que sea el espejo en el que mirarnos para obtener una imagen fiel de nosotros mismos (un coach podría hacer ese papel).

Este proceso ha de llevarse a cabo desde la humildad del aprendiz, la coherencia con uno mismo y el respeto a nosotros mismos, y a los demás.

Ese mejor conocimiento de nosotros mismos nos proporcionará mayor iniciativa que nos brindará más libertad de acción. Pero ojo, esa iniciativa ha de ir emparejada con conocimiento.

“Aprender, recordar y experimentar es nuestro don como seres humanos. Este proceso nos cambia para siempre. Dejar de aprender es dejar de cambiar. Nuestro cambio es nuestra evolución”. Dr. Joe Dispenza (bioquímico).

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domingo, 24 de febrero de 2013

Creas lo que crees

Las creencias juegan un papel determinante en nuestro comportamiento debido a que provocan determinadas actitudes, estados fisiológicos y emocionales.


Según David Burns, existen distorsiones cognitivas que nos llevan a tener creencias limitantes. Veamos algunas de esas distorsiones:



1.     Pensamiento dicotómico. Pensamientos de todo o nada, de blanco o negro, de está bien o mal. Este tipo de pensamientos son la base del perfeccionismo. Limitan el comportamiento por miedo a cometer errores, ya que los errores, en este caso, hacen que la persona se considere una perdedora.

2.     Generalización excesiva. Cuando ocurre esto, se llega a la conclusión extrema de que aquello que nos ha sucedido una vez nos sucederá ya por siempre jamás. Esto limitará inevitablemente nuestro comportamiento porque: “para qué voy a intentarlo si ya me han rechazado una vez. NO sirvo para esto, NO gusto, NADIE me quiere”. Damos por hecho que todo el mundo va a reaccionar de la misma forma ante nosotros y nuestras circunstancias, cuando no es así.

3.     Abstracción selectiva. En este caso, se hace un filtro mental de los aspectos negativos de cualquier situación, pasando por alto los positivos. Como el caso de una chica que, tras salir de un examen, estando segura de que había fallado 17 preguntas de 100, llegó hasta tal punto a obsesionarse con esos  fallos que pensó que la iban a suspender. Cuando recibió las correcciones había una nota que le decía “enhorabuena, ha obtenido usted 83 aciertos, sin duda la nota más alta de este año”.

4.     Alquimia al revés. Consiste en descalificar lo positivo, transformándolo rápidamente en algo negativo. Esta es una de las formas más destructivas de la distorsión cognitiva. La consecuencia es una inmensa tristeza y la incapacidad de apreciar lo bueno que nos sucede.

5.     Conclusiones apresuradas. Porque creemos tener la capacidad de leer el pensamiento del resto de mortales y nos creemos adivinos. Cuando estas conclusiones son de tipo negativo la reacción puede ser pasiva o de contraataque, ambas influyen en nuestras relaciones con los demás.

6.     Magnificación y minimización. La magnificación es el arte de convertir hechos negativos comunes en catástrofes, por ejemplo al cometer algún error. Sin embargo, la minimización consiste en quitar importancia a nuestras cualidades, generalmente a las buenas, lo que sin duda nos hará sentir inferiores.

7.     Razonamiento emocional. “Me siento como un inútil, de modo que soy un inútil”. Este razonamiento no es correcto ya que los sentimientos son un reflejo de nuestros pensamientos y creencias. Si nuestros pensamientos y creencias están distorsionados, las emociones no tendrán validez, eso no quiere decir que no las sintamos, sino que no responden a la realidad. La consecuencia de este razonamiento emocional es la dilación en el tiempo de las acciones.

8.     Los “debería…”. Los utilizamos para motivarnos, sin embargo son expresiones de deber y obligación y tienen el efecto contrario. Si no logramos cumplir nuestras propias normas, el resultado es autoaversión, vergüenza, culpa. Si los utilizamos para marcar el comportamiento de los demás, es decir: “fulanito debería hacer tal o cual”, y los demás no lo hacen, nos sentiremos frustrados y amargados.

9.     Etiquetación. Además de ser contraproducente es irracional ya que no somos algo estático, sino dinámico, por lo tanto, encasillarnos dentro de una etiqueta nos limita. Si lo que hacemos es etiquetar a otras personas, acabaremos generando hostilidad.

10. Personalización. Asumir la responsabilidad de aquellas consecuencias negativas de actos que no nos corresponden, nos lleva a la culpa paralizante. Proviene de la distorsión entre tener influencia sobre otros o tener el control sobre los demás. Se puede tener influencia, pero no el control, por lo tanto asumir la responsabilidad de los actos de otros es cargarse con algo que no corresponde. “Por ejemplo, el caso de un terapeuta que se siente responsable de que su paciente no esté trabajando con más interés para ayudarse. El paciente no está haciendo las tareas, no es que él no sea un buen terapeuta”.

¿Te sientes identificado con alguna de ellas? En ese caso tus creencias limitantes están afectando a tu comportamiento. Veamos, con un esquema, en qué fase de nuestro comportamiento actúan las creencias:


                      
Nuestro cerebro percibe, a través de los sentidos, acontecimientos que, según nuestras creencias, pensamientos, expectativas, deseos, objetivos…, son valorados y construyen una emoción, que a través de respuestas neurofisiológicas, conductuales y cognitivas, configuran nuestras acciones. Inevitablemente, todas y cada una de nuestras acciones tienen consecuencias que, a su vez, conformarán una nueva experiencia que ayudará a valorar el próximo acontecimiento, formándose así un círculo.    La única manera de afectar al círculo es mediante nuestras:

§          Creencias, conclusiones a las que llegamos.
§          Pensamientos, a través del diálogo interno.
§          Expectativas, según nuestro conocimiento de los acontecimientos.
§          Deseos, ¿cómo se ven afectados por los acontecimientos?
§          Objetivos, ¿cómo afectan estos acontecimientos al logro de nuestros objetivos?

Para ello, inevitablemente, hemos de ser conscientes de esos elementos que ayudan a valorar los diferentes acontecimientos que tienen lugar en nuestras vidas. Sobre todo, si lo que hacen es impedirnos avanzar hacia donde queremos.

“Aprender sin pensar es trabajo perdido; pensar sin aprender es peligroso”- Confucio.

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lunes, 21 de enero de 2013

La evolución forma parte de nuestra naturaleza.


Hemos llegado hasta aquí a través de la evolución de las especies, ¿qué nos hace pensar que este proceso ha terminado?
                      
Toda evolución implica un cambio. Un cambio para adaptarnos a las nuevas condiciones del entorno y nuestras circunstancias. El entorno es algo dinámico. No estático. ¿Qué nos impide cuestionar nuestra forma de pensar y nuestra forma de actuar? Puede que lo que fuera adecuado en un momento determinado ya no lo sea tanto ahora. Ese cambio puede ser de identidad, de valores, creencias, capacidades, comportamientos, incluso podemos cambiar nuestro entorno inmediato. Todos ellos cambios profundos, que revelan nuestro verdadero ser. Quienes queremos ser.

Para evolucionar, tenemos que dejar salir al "alma", conocer su visión para nosotros, su misión. Sin embargo, la mayoría de las veces actuamos guiados por el "ego".

Es el ego quien toma las riendas de nuestra vida sin que nos demos cuenta. El ego busca la seguridad y la supervivencia y está dotado de algunas creencias limitantes. Al ego no le gustan demasiado los cambios, la incertidumbre que los rodea. El miedo alimenta al ego y eso determina nuestro comportamiento. El ego busca la sociabilidad, la necesidad de ser aceptado. Dicha necesitad tiene un matiz excluyente, el que no es mi amigo es mi enemigo (¿de verdad?, ¿TODOS los que no son tus amigos son tus enemigos?...). El ego también busca ser un experto, sobresalir, ser el mejor.

Para buscar la transformación debemos dar rienda suelta a la curiosidad, al alquimista que todos llevamos dentro, dotados de flexibilidad e independencia.

Ese alquimista nos proporcionará claridad, optimismo, paciencia. Nos hará predicar con el ejemplo, aportar valor a los demás. Todo ello nos pondrá en contacto con nuestra parte visionaria y alcanzaremos el equilibrio entre ego y alma que nos llevará a la plenitud. A la felicidad. Al éxito.

Cuando estás en contacto con tu esencia, fluyes, estás en tu zona de excelencia, desde ahí se produce tu evolución. ¿Qué necesitas? Salir de la zona de confort. Ser consciente de tus pensamientos, de tus emociones, de tus comportamientos. Muchas veces vivimos en el pasado, incluso en el futuro, y eso impide que vivamos el aquí y el ahora, y no disfrutemos del momento. Vive el presente aprendiendo del pasado y creando tu futuro.

Cuando somos conscientes de lo que pensamos, de lo que sentimos y de cómo nos comportamos es cuando llegamos a conocernos de verdad. Conociéndonos de verdad, podemos ser  coherentes. Coherentes con nuestra esencia y eso nos dará la felicidad. Llegaremos a alinearnos con nuestro propósito.

Todo cambio implica flexibilidad. Cuando somos conscientes, podemos ser más flexibles.

Te animo a que alcances la mejor versión de ti mismo. No dejes que tu ego se alimente por la crisis, por los miedos, y te impida evolucionar. Ahora, más que nunca, son tiempos de cambio. Empieza por hacer caso a tu intuición.

Como dijo Einstein: “Tan sólo la intuición, al igual que en la relación que se establece entre dos amantes, es capaz de permitir un conocimiento más allá de cualquier evaluación lógica”.


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