Mostrando entradas con la etiqueta incertidumbre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta incertidumbre. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de abril de 2015

A prueba

Vivimos tiempos difíciles. Estamos atravesando uno de esos grandes momentos que se estudian en los libros de historia.

El sistema que conocíamos está en crisis y necesitamos pensar desde otra dimensión.

La incertidumbre nos rodea y se ha convertido en un compañero un tanto incómodo para muchos, generando grandes dosis de ansiedad y miedo.

En esta situación hay problemas cuya solución está fuera de nuestro alcance, aunque sus consecuencias nos den de pleno.

En lugar de enfocarnos constantemente en el problema y la solución que nos excede, podríamos canalizar la energía en otra dirección para ocuparnos de buscar nuestra salida.

Con todo el ruido que nos rodea es posible que nos cueste verla. Si es así, ha llegado el momento de alejarnos de todo eso, de buscar el silencio tanto externo como interno.

Si nos escudamos en la crisis estaremos bloqueando nuestra propia salida. Si nos fijamos solo en lo que ocurre fuera, dejaremos de ver lo que tenemos dentro.

Cambiemos la perspectiva, fijémonos en qué podemos hacer nosotros para superar la situación y evitar que sea la situación la que nos supere a nosotros.

Para encontrar esa salida el primer paso será ver de qué disponemos, no me refiero tanto a lo tangible, que también, sino a lo intangible. Debemos conocernos a nosotros mismos.

Puede ser que necesites ayuda, si es así, pídela.

Démosle prioridad a entendernos para encontrar nuestro remedio, aquello que nos ayude a producir un cambio favorable a nuestra situación.

Cuestionémonos hasta que entendamos qué necesitamos para aceptar este desafío que nos está poniendo a prueba.

“Hablar de  crisis es promoverla y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de eso, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.” – Albert Einstein.


¿Quieres que hablemos? Pídemelo aquí.

miércoles, 30 de julio de 2014

La niebla

Todo empieza con un “vuelco del corazón”. De repente ocurre algo, una conversación, un hecho, que pone de manifiesto lo que siempre había estado ahí pero que no veías o no le habías dado importancia alguna.

Curiosamente, su manifestación te nubla la vista, te impide ver más allá, empiezas a dudar, a caer en un abismo, todo se desmorona. Comienzas a sentir vértigo, miedo. Te castigas, ¿cómo no te habías percatado de esto?, para, poco después, comenzar a culpar a los demás por lo que ellos han hecho, o no, para que esto te pase a ti…

Cuando eso ocurre, te olvidas de ti, pasas de tu frustración, de tus miedos iniciales al enfado generalizado con el mundo. TODO está en tu contra. NADIE te apoya,¿cómo vas a seguir adelante TU SOLO?

La desesperación se apodera de ti, quieres tirar la toalla, total, ¿para qué?, ¿qué necesidad tienes de seguir con esto?...

Puedes seguir ahí todo el tiempo que quieras lamentándote, llorando una pérdida que todavía no ha ocurrido cuando, únicamente, has descubierto un obstáculo en tu camino que te ha confundido, ha nublado tu visión, pero  ¿te impide continuar?, ¿seguro que NADIE te apoya?, ¿de verdad estás TU SOLO?

El obstáculo está ahí, eso es cierto, pero ¿es insalvable?

Este es un buen momento para poner a prueba tu motivación. El paso del tiempo puede empañarla y desgastarla, sin embargo será tu mejor aliada para ayudarte a conducir con niebla.

La niebla nubla tu mente y te impide pensar con claridad, pero es pasajera. Cuando se cierne sobre ti, el miedo toma las riendas, se genera un estado de alerta y ansiedad porque no puedes ver, no sabes con qué te vas a encontrar más adelante. Si reducimos la velocidad, incluso si nos paramos, prestamos atención y tomamos conciencia del peligro, podremos reanudar la marcha cuando hayamos disipado esa niebla.

¿Qué vas a hacer la próxima vez que se forme niebla?

“Las emociones dificultan o favorecen nuestra capacidad de pensar, de planificar, de acometer el adiestramiento necesario para alcanzar un objetivo a largo plazo, de solucionar problemas, etc., y, en este mismo sentido, establecen los límites de nuestras capacidades mentales innatas y determinan así los logros que podremos alcanzar en nuestra vida. Y en la medida en que estemos motivados por el entusiasmo y el gusto en lo que hacemos, se convierten en excelentes estímulos para el logro. Es por ello que la inteligencia emocional constituye una aptitud maestra, una facultad que influye profundamente sobre todas nuestras otras facultades, ya sea favoreciéndolas o dificultándolas.” – Daniel Goleman.


Si quieres que hablemos, pídemelo aquí.


lunes, 30 de junio de 2014

Piedras en el zapato

Comenzamos una nueva aventura, cogemos nuestra mochila con lo que vayamos a necesitar y nos aseguramos de llevar un calzado adecuado, aquel que nos facilite el camino, con el que nos sintamos mejor.

Llevamos un tiempo preparándonos para este viaje, física y mentalmente. Nos hemos informado sobre las posibles contingencias y hemos preparado una guía que nos reconforta.

Nos acompañan las ganas de emprender algo nuevo, la ilusión, la incertidumbre… y aquellas personas con las que hemos querido compartir esta nueva etapa. En ocasiones nos animan, en otras nos advierten y otras nos desesperan, pero siempre están ahí, apoyándonos en nuestra empresa.

¡Lo tenemos todo listo, estamos preparados!

La primera etapa comienza con calma, hay que dosificarse, adaptarse al nuevo entorno. Lo observamos todo y estamos muy despiertos.

Conforme vamos avanzando nos empezamos a despistar un poco, ponemos el modo semiautomático y en un bache del camino metemos el pie hasta el fondo. Como llevamos un calzado adecuado, las consecuencias son menores, un pequeño traspiés que nos arranca una sonrisa y continuamos camino.  Pero al cabo de un rato, notamos una pequeña molestia. Se nos ha metido una piedra en el zapato. Una piedra muy, muy pequeña.

¡Qué fastidio! ¡Justo ahora que llevábamos buen ritmo! ¿Cuánto falta para acabar esta etapa? Bueno…, podemos continuar un poco más, total, es taaaannn pequeña, apenas molesta, ya nos pararemos luego…, un poco más adelante, cuando…

Seguimos camino y, de repente, ¡nos hemos olvidado de la piedra!, ¿qué piedra? La que sigue ahí, en tu zapato, la que no se ha ido por voluntad propia, no se ha evaporado, ni esfumado, no ha desaparecido sin mas… Eso te hubiera gustado, ¿eh?

Pero, de repente, nos entra otra piedra. ¡Más vale que habíamos elegido un buen calzado!... ¿¡Otra!? Si ya no queda nada… ya, pero… esta es algo más grande que la anterior, ¡molesta!

Bueno, la otra ni la notamos, si nos esforzamos un poco y removemos el pie dentro del zapato sentimos que está ahí, pero si no lo movemos… Bah, en la próxima parada nos quitamos ambas y refrescamos los pies.

Al igual que antes, pasado un rato se nos vuelve a olvidar que tenemos otro intruso en nuestro zapato. Del viejo ni nos acordamos. Sin embargo, ¡siguen estando ahí!

Hacemos un alto en el camino y aprovechamos para refrescarnos los pies, mover los dedos…, que nos apetece. Cuál es nuestra sorpresa cuando vemos las magulladuras que tenemos en los pies. ¡Ahggghh, las piedras!

Llegados a este punto necesitamos algo más que un simple, pero relajante, baño de pies. Necesitamos “curar” esas heridas para poder continuar y con toda probabilidad eso va a afectar a nuestra marcha, se hará más dura y cuesta arriba…

Ahora nos lamentamos, ¡con lo fácil que hubiera sido “pararme” para sacar las piedras desde un principio!

Los problemas en la vida son como esas piedras en el zapato, si no te paras y te las sacas, te van haciendo mella, a veces, sin darte cuenta.

Con la próxima piedra, ¿qué vas a hacer?

“Sólo cuando hacemos las paradas necesarias, la vida puede volver a su enfoque con un significado renovado.” – Robert K. Cooper.


Si quieres que hablemos, pídemelo aquí.