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viernes, 27 de febrero de 2015

Imagine

Hoy la cosa va de imaginar…
Vivimos inmersos en las prisas del día a día. Tenemos la agenda repleta de cosas que hacer: vida social, familia, trabajo, deporte, ¿ocio?…
A veces estamos apagando fuegos constantemente y eso nos impide ver más allá. Estamos aquí pensando qué tenemos que hacer después y nos olvidamos de que, ahora, estamos aquí…
Así es bastante complicado tomar decisiones que nos ayuden a definir el futuro que queremos, incluso simplemente vivir el momento, es decir, VIVIR. Nos dejamos llevar por la marea y, a veces, la resaca nos deja KO en la inmensidad del océano.
Dado el caso, no se trata de nadar contracorriente, agotándonos y hundiéndonos en las profundidades, sino en paralelo a la orilla para escapar de ese poder de succión y encontrar aquel remanso que nos permita tomar perspectiva y volver a conectar con nosotros mismos.
La cuestión es, ¿dónde está la orilla? Párate. Búscala. Sitúate y comienza a nadar. Al cabo de un rato atisbarás ese remanso.
¿Cómo es? .......imagínalo....... ¿dónde está? ........... ¿qué necesitas para llegar hasta él? …………… ¿de qué tienes que prescindir para disfrutar de ese espacio?
Ahora que ya has localizado “tu zona” quédate ahí un rato y regodéate disfrutando de ella…
Desde ahí tienes la capacidad de mirar a tu alrededor y verlo todo con perspectiva, como si fueras un observador.
Puedes ver los intereses que te mueven en la vida y acercarte a ellos para descubrir más. Puedes ver tu fortaleza y cómo usarla para que te ayude a salir de la corriente.
Puedes verte a ti mismo comportándote como te gustaría en determinadas ocasiones. Tienes la posibilidad de verte tantas veces como quieras, hasta que estés satisfecho con lo que ves, al fin y al cabo eres el director de escena.
Puedes crear tu película, aquella en la que tú seas el protagonista. Puedes jugar saliendo a escena e imaginando cómo sería todo si cambiaras determinados comportamientos y actitudes. Será tu laboratorio de pruebas hasta que encuentres la fórmula que deje salir tu esencia.
¿Qué ves? ........... ¿qué sientes? …………….. ¿qué escuchas?
En esa zona nadie te juzga, ni siquiera tú. Simplemente observas, exploras, descubres…
Deja volar tu imaginación, que te lleve tan lejos como quiera, tanto en el espacio como en el tiempo.
Ya puedes regresar de tu viaje poco a poco. Si quieres, puedes anotar aquellas experiencias y descubrimientos que más te hayan impactado o interesado. Serán la guía de tu futuro.
Tener una visión a largo plazo te ayudará a orientarte y a tomar decisiones hoy, el momento en el que VIVES.
Esa visión será tu motivación, nunca una obsesión.
Igual que John Lennon imaginó su mundo perfecto, prueba a imaginar el tuyo, ¿cómo sería?

“…nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres.” – “La vida del Buscón” – Francisco de Quevedo.

¿Quieres que hablemos? Pídemelo aquí.


viernes, 30 de agosto de 2013

¿Soñador, realista, crítico?

¿Con cuál te identificas?, ¿cuál tiene mayor peso en ti?

Todos tenemos esas tres facetas, sólo tenemos que recordar en qué momentos damos rienda suelta a una u otra.

¿Qué ocurre cuando sale el soñador? Tu imaginación no tiene límites, estás lleno de energía, puedes con todo, cualquier reto es asequible, te imaginas consiguiéndolo y disfrutas de esa visión. Una visión generalmente a largo plazo. Piensas a lo grande y se te ocurren diferentes alternativas. Te conviertes en una criatura totalmente creativa. Sientes el poder.
Fíjate en tu postura, ¿cómo es en esos momentos de ensoñación? Seguramente tu mirada se dirigirá hacia arriba, perdida en el más allá, traspasando fronteras para conquistar nuevos territorios. Tienes afán de expansión, de crecimiento y tu cuerpo así lo manifiesta. Eres grande y poderoso.

El realista. Este quiere que seas práctico. Te dice: “muy bien, eso es lo que quieres, puedes conseguirlo, ¿cómo vas a hacerlo?”. Este enfoque hace que te centres en los pequeños pasos que debes dar, en ir definiendo el plan de acción a llevar a cabo en el corto plazo. Sigues mirando al futuro, pero un futuro más inmediato.
En este caso estás más sereno, más reflexivo y pensativo. Analizas la realidad que te rodea y el nuevo campo a explorar, te informas, buscas, exploras el territorio. Sientes la acción, pero con los pies en la tierra.

Ahora llega el crítico, el aguafiestas… Quién no se ha sentido así alguna vez y quién no ha tenido que lidiar con alguno en ciertas ocasiones… Aquí se cuestiona todo, se ven los problemas por encima de lo demás, cada obstáculo es el foco.  Aparecen los “peros”… Sin embargo, su función es advertir de los problemas para que puedas ocuparte de ellos. ¡Qué bien que los hayas visto ahora!, ¿verdad?
En un principio puedes llegar a sentirte arrugado, pequeño, desmotivado. ¡Cuántos problemas que no había previsto! El gesto más común es el de acariciar la barbilla, tocarte la cara ladeando la cabeza… ¿qué haces tú cuando interpretas este papel?

Como en tantas otras cosas, el equilibro es lo adecuado, las tres facetas son necesarias si quieres avanzar, si quieres cambiar, si quieres conseguir tus retos, si quieres evolucionar.

¿Qué sería cada uno de ellos sin los demás? Voy a aprovechar lo que nos dice Robert Dilts:

Un soñador sin un realista y un crítico es eso: un soñador. (Seguro que alguna vez hemos escuchado eso de “eres un flipao”…, por supuesto nos lo dice un crítico, puede que incluso un realista).
Un realista sin un soñador y un crítico sería un robot.
Un crítico sin un soñador y un realista es el típico aguafiestas.
Un soñador y un realista sin un crítico son un departamento de Investigación y Desarrollo: producen muchos prototipos, pero sin los criterios de calidad necesarios para tener éxito.
Un realista y un crítico sin un soñador son una burocracia
Un soñador y un crítico sin un realista son una montaña rusa maníaco-depresiva.

¿Os habéis fijado? Cada uno tiene su función:
El soñador ayuda a concebir nuevas ideas y nuevos retos.
El realista ayuda a concretar esas ideas, a planificar.
El crítico nos da la calidad del resultado. ¡La excelencia!

¿Hay alguna faceta que quieras potenciar?

“Para crear lo fantástico, primero debemos entender lo real”- Walt Disney.

Si quieres que hablemos, pídemelo aquí.

domingo, 23 de junio de 2013

In-tueri

Intuición, del latín “In-tueri”, ver en el interior.

Aparece cuando percibimos la verdad sobre algo sin explicación alguna. La esencia de las cosas. Simplemente lo sabemos, lo sentimos, algo en nuestro interior nos dice que es así. Nos sentimos iluminados, tenemos una visión clara sobre lo que queremos. Sabemos que si la seguimos nos sentiremos liberados y realizados.

Nos anima a decidir en un sentido u otro, pero no nos condiciona, no nos obliga, no nos impone. No nos hará decidir algo malo para nosotros.

No es una emoción, no es una opinión. Es más, puede que ante la elección intuitiva sintamos miedo. Miedo a hacer, miedo a arriesgarnos, al qué dirán…, pero la característica del impulso intuitivo es que, a pesar del miedo, la intuición te dice que quieres hacerlo, quieres arriesgarte, quieres experimentar.

Es una guía en nuestra conducta. El sexto sentido… “algo me dice que…”.

Según Henry Bergson (filósofo francés 1859-1941) el verdadero conocimiento de la continuidad de la vida nos lo da la intuición, gracias a la memoria que él llama pura o espiritual. La idea de proceso, de evolución, es central en el trabajo de Bergson. La evolución va de dentro a fuera, según él, siguiendo una fuerza interior, un impulso intuitivo, que hace que sucedan las cosas.
             
Para Bergson, por tanto, la intuición obedece al conocimiento que surge de la percepción que cada individuo tenga de su realidad psíquica, dependerá del tipo de experiencias reales que haya tenido. Es algo subjetivo, propio de cada individuo.

Estudios más recientes nos dicen que no sólo hay neuronas en el cerebro, sino que también se encuentran en el corazón, el intestino y los genitales…

El corazón tiene un sistema nerviosos independiente, bien desarrollado, que envía información al cerebro de forma rápida, de naturaleza intuitiva, incluso, según Howard Martin (uno de los pioneros en el estudio de la coherencia cardiaca), existiría una conexión espiritual a través del corazón.

Annie Marquier, matemática e investigadora de la conciencia, comenta en un entrevista realizada por La Vanguarda.com “…el cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas. Este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tienen una percepción exacta de la realidad…”. (Si quieres echarle un vistazo, puedes hacerlo aquí).

¿Cabe, entonces, interpretar que la intuición no depende de experiencias pasadas, sino que es una iluminación directa del corazón influida por su propia inteligencia independiente?

 ¿Qué te sale de dentro? Es tu corazón quien te habla, quien opina también. No olvides tenerlo en cuenta. Escucha a tu corazón.

Parece pues, que si tenemos en cuenta lo que nos dice nuestra intuición a la hora de tomar una decisión, ésta será la adecuada para nosotros.

Para estar en conexión con ella, uno de los requisitos imprescindibles es estar dispuestos a navegar en nuestro interior.

¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que te motiva? Vemos de nuevo la importancia de conocerse a uno mismo, de ser conscientes de lo que sentimos, queremos y hacemos. Descubriendo nuestra motivación y, no menos importante, aceptándola, seguro tomaremos decisiones adecuadas, decisiones que nos harán sentir bien y nos acercarán a lo que queremos.

“Probamos por medio de la lógica, pero descubrimos por medio de la intuición”. Henri Poincairé, matemático y filósofo francés.


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lunes, 21 de enero de 2013

La evolución forma parte de nuestra naturaleza.


Hemos llegado hasta aquí a través de la evolución de las especies, ¿qué nos hace pensar que este proceso ha terminado?
                      
Toda evolución implica un cambio. Un cambio para adaptarnos a las nuevas condiciones del entorno y nuestras circunstancias. El entorno es algo dinámico. No estático. ¿Qué nos impide cuestionar nuestra forma de pensar y nuestra forma de actuar? Puede que lo que fuera adecuado en un momento determinado ya no lo sea tanto ahora. Ese cambio puede ser de identidad, de valores, creencias, capacidades, comportamientos, incluso podemos cambiar nuestro entorno inmediato. Todos ellos cambios profundos, que revelan nuestro verdadero ser. Quienes queremos ser.

Para evolucionar, tenemos que dejar salir al "alma", conocer su visión para nosotros, su misión. Sin embargo, la mayoría de las veces actuamos guiados por el "ego".

Es el ego quien toma las riendas de nuestra vida sin que nos demos cuenta. El ego busca la seguridad y la supervivencia y está dotado de algunas creencias limitantes. Al ego no le gustan demasiado los cambios, la incertidumbre que los rodea. El miedo alimenta al ego y eso determina nuestro comportamiento. El ego busca la sociabilidad, la necesidad de ser aceptado. Dicha necesitad tiene un matiz excluyente, el que no es mi amigo es mi enemigo (¿de verdad?, ¿TODOS los que no son tus amigos son tus enemigos?...). El ego también busca ser un experto, sobresalir, ser el mejor.

Para buscar la transformación debemos dar rienda suelta a la curiosidad, al alquimista que todos llevamos dentro, dotados de flexibilidad e independencia.

Ese alquimista nos proporcionará claridad, optimismo, paciencia. Nos hará predicar con el ejemplo, aportar valor a los demás. Todo ello nos pondrá en contacto con nuestra parte visionaria y alcanzaremos el equilibrio entre ego y alma que nos llevará a la plenitud. A la felicidad. Al éxito.

Cuando estás en contacto con tu esencia, fluyes, estás en tu zona de excelencia, desde ahí se produce tu evolución. ¿Qué necesitas? Salir de la zona de confort. Ser consciente de tus pensamientos, de tus emociones, de tus comportamientos. Muchas veces vivimos en el pasado, incluso en el futuro, y eso impide que vivamos el aquí y el ahora, y no disfrutemos del momento. Vive el presente aprendiendo del pasado y creando tu futuro.

Cuando somos conscientes de lo que pensamos, de lo que sentimos y de cómo nos comportamos es cuando llegamos a conocernos de verdad. Conociéndonos de verdad, podemos ser  coherentes. Coherentes con nuestra esencia y eso nos dará la felicidad. Llegaremos a alinearnos con nuestro propósito.

Todo cambio implica flexibilidad. Cuando somos conscientes, podemos ser más flexibles.

Te animo a que alcances la mejor versión de ti mismo. No dejes que tu ego se alimente por la crisis, por los miedos, y te impida evolucionar. Ahora, más que nunca, son tiempos de cambio. Empieza por hacer caso a tu intuición.

Como dijo Einstein: “Tan sólo la intuición, al igual que en la relación que se establece entre dos amantes, es capaz de permitir un conocimiento más allá de cualquier evaluación lógica”.


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