viernes, 28 de febrero de 2014

A la Defensiva

¿Alguna vez te has parado a pensar en tu reacción ante una crítica?, ¿cómo la recibes?, ¿cuál es tu actitud en ese momento?

Tendemos a asociar la palabra crítica con algo negativo, sin embargo, a pesar de que su contenido pueda no gustarnos (habrá que ver qué es lo que nos toca la fibra, ya que ahí  es donde está el meollo de la cuestión) recibir una crítica es uno de los mayores regalos que quien la da nos hace, puede que sin saberlo siquiera.

Quien hace una crítica nos está dando feedback, información relevante para nuestro aprendizaje. Es verdad que hay muchas formas de hacer críticas, pero no es eso lo que estamos valorando, sino cómo las recibes tú.

Seguro que has experimentado esa sensación de disgusto en más de una ocasión, cuando alguien te hace un comentario que como una bala va directo a tu ego. ¿Qué es lo que haces en ese momento?, ¿qué pasa por tu mente? Aunque no lo expreses y te lo calles, ¿qué está produciendo ese pensamiento en ti?, ¿dirías que estás escuchando o estás pensando en cómo responder para ganar la batalla?

Si es así como lo estás viviendo, como si fuera un combate en el que sólo puede haber un vencedor, entonces estarás limitando tu capacidad de aprendizaje y serás tú el perdedor. Tu ego se habrá apoderado de ti, estará decidiendo por ti, y hará que actúes en “piloto automático” perdiendo el control.

Si la vives como una amenaza, te pondrás a la defensiva, cerrarás tu mente y pasarás al ataque a continuación como si tu supervivencia dependiera de ello, cegado por el ego.

¿Dónde está la amenaza?, ¿en descubrir alguna de tus debilidades?

Imagina, por un momento, cómo sería lo contrario. Es decir, cómo sería ESCUCHAR la crítica abiertamente, hasta el final, en silencio, también mental, para poder reflexionar sobre su verdad y, si no te gusta lo que la verdad esconde, buscar la alternativa para transformar esa verdad. ¿Cómo sería ahora tu respuesta?, ¿dónde está el foco aquí, en ti o en quien hace la crítica?

¿Qué aprendes, tanto de la crítica, como de tu actitud?

¿Cuál va a ser el primer paso de tu transformación?

“La comunicación defensiva te lleva a la discusión. El ego se siente amenazado por el feedback negativo y castiga al mensajero.” – Stephen R. Covey.

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viernes, 31 de enero de 2014

Retroalimenación

Retroalimentación o “feedback”: echar una mirada hacia atrás para aprender, bien de forma autodidacta, bien con la ayuda de los demás, de nuestro comportamiento o rendimiento.

¿Qué necesitamos para tener un buen feedback? Información clara, concreta y concisa que nos ayude a mejorar, que haga énfasis en el comportamiento y no en el individuo. Puede incluir los aspectos a mantener, si seguimos haciéndolo así (¿qué concretamente debemos seguir haciendo así?) iremos por el buen camino. Los aspectos a mejorar, si centramos nuestra atención en ellos podremos ir definiendo unas competencias deseables para el éxito de nuestros proyectos y, para finalizar, los aspectos a eliminar, aquellos que es mejor que cambiemos por otros que nos faciliten el camino, o simplemente desechemos.

Cuando tenemos un grado de consciencia muy elevado de nosotros mismos, y del impacto que causamos en los demás, podemos hacer este ejercicio sin problema, aunque una visión externa nos puede dar otro enfoque muy enriquecedor.

En ocasiones nuestras emociones hacen que sintamos que nos comportamos de un modo determinado y, sin embargo, nuestra “puesta en escena” no está mostrando al público todo lo que nosotros creemos que ven. Si esto fuera así, tener el feedback de ese público, cliente, colega, colaborador, sería maravilloso ya que afectaría positivamente a nuestra autoestima y seguridad haciendo que nos sintamos más confiados y mostremos una mejor versión de nosotros mismos, con las consecuencias positivas que esto tendría, no sólo para nosotros sino también para nuestros receptores.

Imaginemos que es al revés, que creemos que lo estamos haciendo mejor de lo que realmente lo hacemos, ¿cuál sería aquí el beneficio de un buen feedback? Sin duda nos ayudaría a llegar al nivel que nosotros queremos tener y, de nuevo, esto tendría consecuencias favorables.

Ahora bien, ¿cómo recibimos ese feedback? Esta es una cuestión muy importante. ¿Escuchamos lo que tienen que decirnos, asimilamos el contenido e integramos aquello que  consideremos de ayuda o cerramos la mente, nos ponemos a la defensiva y empezamos a justificar nuestros actos, haciendo caso omiso de la información valiosísima que acabamos de recibir (aunque sea negativa)? ¿Lo vivimos como un regalo o como un ataque?

Que la información sea un regalo, no quiere decir que incorporemos todo aquello que nos hayan dicho, únicamente lo que esté alineado con nuestra esencia y nos ayude en el camino. El regalo consiste en un nuevo punto de vista que nos proporciona un campo de visión mayor, nuevas perspectivas que podíamos no haber tenido en cuenta. Nos ayuda a tomar conciencia y por lo tanto a aprender y a seguir evolucionando. Así pues, un buen feedback juega un papel muy importante en nuestra evolución.

¿Qué ocurre si nuestro entorno no nos da feedback? Estará limitando nuestro aprendizaje y nuestra capacidad de mejora. No obstante, conviene tener en cuenta que hay gente que no se siente cómoda haciendo este ejercicio y eso podría tener como consecuencia una información poco fiable, poco sincera.

Es importante distinguir la verborrea del feedback. Generalmente la primera hace hincapié sobre el individuo y tiende a juzgar.

¿Podemos pedir feedback? ¡Por supuesto! Haz preguntas claras, concretas y concisas sobre los comportamientos o rendimientos que quieras evaluar. Decide a quién pedirlo y ¡adelante!

“Feedback is the breakfast of champions” - Ken Blanchard.

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sábado, 28 de diciembre de 2013

Una cuestión de actitud

Estamos en fechas especiales y nos encontramos con diferentes actitudes frente a ellas. Unos “odian” la Navidad, otros dicen que son “indiferentes”, algunos despliegan todo su “espíritu Navideño” y disfrutan al máximo de las fiestas.

Lo mismo ocurre en la vida cotidiana si comparamos a personas diferentes que estén viviendo las mismas circunstancias. ¿Qué es lo que hace que unos superen con éxito las dificultades y otros se ahoguen en la misma situación? Sin duda, la actitud juega un papel relevante.

Incluso las investigaciones médicas de los últimos años indican que la actitud que tengamos frente a las cosas podría tener un enorme impacto en el funcionamiento del sistema inmunológico. Es decir, una actitud favorable puede ayudarnos a mejorar nuestra salud.

Si pensamos en gente a la que admiramos, ¿qué podríamos decir de su actitud?, ¿qué es lo que hacen para que los admiremos?

No es tan importante el problema, sino cómo te enfrentas al mismo, ¿te ocupas o te preocupas?, si esto lo extrapolamos al resto de acontecimientos de tu día a día, ¿cómo te relacionas con la vida?, ¿cómo te posicionas frente a ella?, ¿cómo es tu actitud? Abierta o cerrada, cercana o distante, de interés o desinterés…

Uno de mis personajes favoritos es “Sherlock Holmes”, de Sir Arthur Conan Doyle, y una de las cosas que quería hacer en estas Navidades era releer “Estudio en escarlata”. Me apetecía volver a sentir aquellas sensaciones que tenía cuando era niña y devoraba sus historias, meterme por completo en las mismas y sentir que estaba allí, pensando como él, investigando las escenas y llegando a conclusiones que nadie más podía ver gracias a su forma única de analizar los casos.

El momento elegido para comenzar el libro fue ayer por la mañana. Tenía que pasar la ITV del coche y suponía que tendría por delante una larga cola. Así fue. Dos horas y media de apasionante espera, sólo el sol radiante me recordaba que no estaba en medio de la niebla londinense. Y cual fue mi sorpresa, cuando en la introducción de los personajes, me encontré este regalo:

“- Busco alojamiento – repuso Watson – quiero ver si me las arreglo para vivir a un precio razonable.
- Cosa extraña – comentó Stamford – es usted la segunda persona que ha empleado esas palabras en el día de hoy.
- ¿Y quién fue la primera?
- Un tipo que está trabajando en el laboratorio de química, en el hospital. Andaba quejándose esta mañana de no tener a nadie con quien compartir ciertas habitaciones que ha encontrado, bonitas a lo que parece, si bien de precio demasiado abultado para su bolsillo.
- ¡Demonio!, si realmente está dispuesto a dividir el gasto y las habitaciones, soy el hombre que necesita. Prefiero tener un compañero antes que vivir solo.
- No conoce todavía a Sherlock Holmes, podría llegar a la conclusión de que no es exactamente el tipo de persona que a uno le gustaría tener siempre por vecino.
- ¿Si?, ¿qué habla en contra suya?
- Oh, en ningún momento he sostenido que haya nada contra él. Se trata de un hombre de ideas un tanto peculiares…, un entusiasta de algunas ramas de la ciencia. Hasta donde se me alcanza, no es mala persona.
- Naturalmente sigue la carrera médica – inquirió Watson.
- No… Nada sé de sus proyectos. Creo que anda versado en anatomía, y es un químico de primera clase; pero según mis informes, no ha asistido sistemáticamente a ningún curso de medicina. Persigue en el estudio rutas extremadamente dispares y excéntricas, si bien ha hecho acopio de una cantidad tal y tan desusada de conocimiento, que quedarían atónitos no pocos de sus profesores.
- ¿Le ha preguntado alguna vez qué se trae entre manos?
- No; no es hombre  que se deje llevar fácilmente a confidencias, aunque puede resultar comunicativo cuando está en vena.
- Me gustaría conocerle – dijo Watson – Si he de partir la vivienda con alguien, prefiero que sea persona tranquila y consagrada al estudio. No me siento aún lo bastante fuerte para sufrir mucho alboroto o una excesiva agitación. Afganistán me ha dispensado ambas cosas en grado suficiente para lo que me resta de vida. ¿Cómo podría entrar en contacto con este amigo de usted?
- Sepa exculparme si no llega a un acuerdo con él, nuestro trato se reduce a unos cuantos y ocasionales encuentros en el laboratorio. Ha sido usted quien ha propuesto este arreglo, de modo que quedo exento de toda responsabilidad.
- Si no congeniamos bastará que cada cual siga su camino. Me da la sensación, Stamford, de que tiene usted razones para querer lavarse las manos en este negocio. ¿Tan formidable es la destemplanza de nuestro hombre?
- No es cosa sencilla expresar lo inexpresable. Holmes posee un carácter demasiado científico para mi gusto… un carácter que raya en la frigidez. Me lo figuro ofreciendo a un amigo un pellizco del último alcaloide vegetal, no con malicia, entiéndame, sino por la pura curiosidad de investigar a la menuda sus efectos. Y si he de hacerle justicia, añadiré que en mi opinión lo engulliría él mismo con igual tranquilidad. Se diría que habita en su persona la pasión por el conocimiento detallado y preciso.
- Encomiable actitud.
- Y a veces extremosa…”

Es interesante ver cómo una misma actitud es valorada de diferentes modos según los jueces.

“Lo que resulta más sorprendente es que mi actitud depende de la manera en la que estoy valorando algo y esa valoración es la que afecta precisamente a mi forma de relacionarme con ese algo.” – Mario Alonso Puig.

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sábado, 30 de noviembre de 2013

El séptimo eje

Hace unos días, comiendo con unos compañeros de trabajo, fui testigo de una conversación muy interesante. El Director técnico estaba contando a su equipo de ingenieros la diferencia que, en su momento, marcó la introducción de un séptimo eje en los brazos robóticos. Aportaba un nuevo punto de torsión al brazo, lo que le permitía ser más versátil, llegar a sitios y recovecos que antes eran inalcanzables y, por lo tanto, poder realizar trabajos hasta el momento deseables pero imposibles para ese tipo de robots. Todo ello debido a su mayor flexibilidad.

¡La flexibilidad! Vemos que es importante hasta para los robots. Para nosotros no podía ser menos. Juega un papel relevante en el logro de un objetivo. En el caso del robot, suponía ser capaz de llegar a una zona concreta, para nosotros supone mayor adaptabilidad, cualidad fundamental para superar obstáculos en el camino.

La adaptabilidad a las nuevas condiciones que puedan surgir nos permitirá gestionar el cambio con mayores posibilidades de éxito, si además tenemos en cuenta que, como alguien dijo alguna vez, la única constante es el cambio, se convierte en una cualidad necesaria.

La flexibilidad evita la ruptura y permite ir hacia atrás para volver a avanzar, lo cual aporta mayor solidez (paradójicamente). Al ir hacia atrás, en este caso, podemos tener una nueva perspectiva que nos aporte mayor información, nueva luz sobre el territorio en el que queremos avanzar.

Alguien hace muchos años me dijo: “Marian, yo no doy un paso atrás ni para coger impulso”. ¿Tú tampoco lo darías? En aquel momento sentí que conseguir lo que ambos buscábamos chocaba conmigo, con mis valores fundamentales. Podía haber permanecido impasible y seguir avanzando hacia el abismo, haciendo caso omiso de lo que mi intuición me estaba diciendo, sin embargo, di un paso atrás para poder apartarme de ese camino y dejar que ese tren pasara de largo. La flexibilidad, en ese caso, me permitió dudar de mi misma, de si realmente quería lo que pensaba que quería, y me ayudó a tomar una decisión en contra de lo que deseaba hasta ese momento.

La flexibilidad te abre la mente, te aporta nuevas perspectivas que enriquecen tu campo de visión, te da libertad y te predispone al cambio. En definitiva, te ayuda a seguir evolucionando gracias al aprendizaje que te brinda.

Como en muchas de las cosas importantes de la vida, lo adecuado es encontrar el equilibrio. ¿Quieres aportar un rayo de luz a tu camino?


“Si decides ser flexible, te quitarás un enorme peso de encima al ver que nada está predeterminado y que puedes ser el último juez de tu conducta”- Walter Riso (Doctor en psicología, Magíster en Bioética y Especialista en Terapia Cognitiva).

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sábado, 26 de octubre de 2013

¿Quién eres tú?

Somos un cúmulo de distintos personajes: el miedoso, el atrevido, el explorador, el bromista, espontáneo, analítico, planificador, juguetón, serio, amable, brusco, impulsivo, indeciso, profesional, amoroso, el gruñón, el presumido, el solitario, el juez, el complaciente, competitivo, compasivo, holgazán…  La interrelación de todos ellos es lo que nos configura como personas, la interrelación es lo que aporta el valor añadido al conjunto.

Cada uno de ellos juega su papel en el momento en el que le corresponde y eso hace que nos comportemos de diferentes modos según la situación que percibamos. Nuestros comportamientos dependen de la realidad que creemos vivir. Creamos lo que creemos y esa creación se traduce en un comportamiento que, a su vez, por interacción con los demás, da lugar a nuevos comportamientos.

¿Sabemos adaptarnos a las diferentes situaciones o, por el contrario, nos comportamos siempre igual? ¿Actúas del mismo modo cuando estás con tus amigos que en el trabajo, con tu familia, con tu pareja?

Te invito a que identifiques a tus personajes. Etiquétalos y anota cuándo aparecen, te ayudarán a conocerte mejor. El primer paso, obsérvate a ti mismo en las diferentes situaciones.

El desarrollo de nuestras capacidades de comportamiento determina la calidad de nuestras relaciones así como nuestra evolución. ¿Qué es lo que te molesta del comportamiento de los demás? ¿Cómo reaccionas tú? Sólo podemos hacer que el comportamiento que nos irrita en los demás cambie si primero cambiamos nosotros el nuestro. Requisito imprescindible, ser conscientes. Si lo que haces no funciona, prueba a hacer algo diferente, deja que otro de tus personajes salga a la luz.

¿Cuál de ellos te boicotea más?, ¿cuál es el que te impide evolucionar?, ¿cuál está luchando por salir a la luz?

Quiero recordar que nuestros comportamientos están precedidos por emociones y éstas, como dice mi tocaya Marian Frías (psicóloga, sexóloga y coach), son un TESORO. Nos están diciendo cosas constantemente, si aprendemos a escucharlas, lograremos descifrar su código y utilizarlas en nuestra propia evolución.

¿Quién eres tú? ¿Eres quien te gustaría ser?

Nos componemos de una infinidad de personajes. Evolucionamos en función del surgimiento de personajes latentes que nos habitan. Estamos, por tanto, en un devenir y, todavía y siempre, por descubrir.”- Françoise Kourilsky.

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miércoles, 25 de septiembre de 2013

La intención positiva.


“Todo depende del color del cristal con que se mire”.  Seguro que lo habéis oído miles de veces, sin embargo, lo importante es ¿con qué color lo miras tú?

“Busca la intención positiva”, otra expresión que últimamente no paro de escuchar. Todo lo que te sucede tiene un trasfondo positivo. ¿Todo, todo?, pensé la primera vez que me lo dijeron a mí. Sin embargo, la segunda fue distinto. La segunda vez me lo preguntaron, ¿cuál  es la intención positiva de que te sientas así? He de confesar que me quedé estupefacta. ¿Estas loco?, pensé, ¿cómo va a tener esto algo de bueno? Sin embargo, lo tenía y, tras un rato escuchando el eco de la pregunta en mi cabeza, me di cuenta de que de no haber sido por las circunstancias, que yo consideraba tan nefastas, probablemente no hubiera estado haciendo lo que hacía en aquel momento, que no era otra cosa que formarme como COACH. Esa era la intención positiva.

De esto hace un año. Hoy puedo decir que, GRACIAS A LAS CIRCUNSTANCIAS, he ampliado mi ángulo de visión, me he enriquecido personal y profesionalmente y he ampliado mi zona de confort. He aprendido a ser consciente, a vivir plenamente el aquí y el ahora y a NO JUZGAR ni a los demás, ni a mí misma (aunque no siempre lo consiga). Hoy asumo totalmente la responsabilidad de mis actos y tomo decisiones con libertad. He descubierto que tengo un aliado infalible, que siempre ha estado ahí aunque no le prestara suficiente atención. Que me hablaba alto y claro aunque me empeñara en no hacerle caso. Hoy se que escuchar sus mensajes me sentará muy bien. Hoy se que actuar en línea con ellos tendrá recompensa: la autenticidad. Este aliado no es otro que el corazón.

GRACIAS A LAS CIRCUNSTANCIAS por reorientar mi espíritu inconformista, por conectarlo con mi espíritu de mejora (la intención positiva) por ser el caldo de cultivo de mi reinvención. Gracias por permitirme seguir evolucionando. Gracias por enseñarme a aprender.

“El principio de intención positiva establece lo que es necesario para ser capaz de cambiar un comportamiento de forma permanente, o resolver un síntoma o resistencia. El principio de intención positiva trata temas de cambio, curación y ecología más que de moralidad o justicia. Se refiere más al futuro que al pasado. El principio de intención positiva simplemente afirma que la curación o corrección asociativa supone añadir más elecciones al modelo del mundo empobrecido del individuo. Estas nuevas elecciones deberían ser capaces de satisfacer la intención positiva o propósito que el individuo (conscientemente o inconscientemente) está intentando satisfacer, pero sin tener las consecuencias negativas o patológicas del comportamiento o síntoma problemático.” – Roberto Dilts.

¿Qué tal si vas en busca de la intención positiva? Puede ser el “efecto placebo” que necesitas.                        

Recuerda, lo bueno de la oscuridad es que te permite  ver las estrellas.

“La manera en que nos sentimos depende en gran medida de cómo anticipamos que nos sentiremos”- Irving Kirsch.

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viernes, 30 de agosto de 2013

¿Soñador, realista, crítico?

¿Con cuál te identificas?, ¿cuál tiene mayor peso en ti?

Todos tenemos esas tres facetas, sólo tenemos que recordar en qué momentos damos rienda suelta a una u otra.

¿Qué ocurre cuando sale el soñador? Tu imaginación no tiene límites, estás lleno de energía, puedes con todo, cualquier reto es asequible, te imaginas consiguiéndolo y disfrutas de esa visión. Una visión generalmente a largo plazo. Piensas a lo grande y se te ocurren diferentes alternativas. Te conviertes en una criatura totalmente creativa. Sientes el poder.
Fíjate en tu postura, ¿cómo es en esos momentos de ensoñación? Seguramente tu mirada se dirigirá hacia arriba, perdida en el más allá, traspasando fronteras para conquistar nuevos territorios. Tienes afán de expansión, de crecimiento y tu cuerpo así lo manifiesta. Eres grande y poderoso.

El realista. Este quiere que seas práctico. Te dice: “muy bien, eso es lo que quieres, puedes conseguirlo, ¿cómo vas a hacerlo?”. Este enfoque hace que te centres en los pequeños pasos que debes dar, en ir definiendo el plan de acción a llevar a cabo en el corto plazo. Sigues mirando al futuro, pero un futuro más inmediato.
En este caso estás más sereno, más reflexivo y pensativo. Analizas la realidad que te rodea y el nuevo campo a explorar, te informas, buscas, exploras el territorio. Sientes la acción, pero con los pies en la tierra.

Ahora llega el crítico, el aguafiestas… Quién no se ha sentido así alguna vez y quién no ha tenido que lidiar con alguno en ciertas ocasiones… Aquí se cuestiona todo, se ven los problemas por encima de lo demás, cada obstáculo es el foco.  Aparecen los “peros”… Sin embargo, su función es advertir de los problemas para que puedas ocuparte de ellos. ¡Qué bien que los hayas visto ahora!, ¿verdad?
En un principio puedes llegar a sentirte arrugado, pequeño, desmotivado. ¡Cuántos problemas que no había previsto! El gesto más común es el de acariciar la barbilla, tocarte la cara ladeando la cabeza… ¿qué haces tú cuando interpretas este papel?

Como en tantas otras cosas, el equilibro es lo adecuado, las tres facetas son necesarias si quieres avanzar, si quieres cambiar, si quieres conseguir tus retos, si quieres evolucionar.

¿Qué sería cada uno de ellos sin los demás? Voy a aprovechar lo que nos dice Robert Dilts:

Un soñador sin un realista y un crítico es eso: un soñador. (Seguro que alguna vez hemos escuchado eso de “eres un flipao”…, por supuesto nos lo dice un crítico, puede que incluso un realista).
Un realista sin un soñador y un crítico sería un robot.
Un crítico sin un soñador y un realista es el típico aguafiestas.
Un soñador y un realista sin un crítico son un departamento de Investigación y Desarrollo: producen muchos prototipos, pero sin los criterios de calidad necesarios para tener éxito.
Un realista y un crítico sin un soñador son una burocracia
Un soñador y un crítico sin un realista son una montaña rusa maníaco-depresiva.

¿Os habéis fijado? Cada uno tiene su función:
El soñador ayuda a concebir nuevas ideas y nuevos retos.
El realista ayuda a concretar esas ideas, a planificar.
El crítico nos da la calidad del resultado. ¡La excelencia!

¿Hay alguna faceta que quieras potenciar?

“Para crear lo fantástico, primero debemos entender lo real”- Walt Disney.

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