miércoles, 30 de septiembre de 2015

La caída de las hojas


Comienza una nueva estación. Una estación que, para algunos, puede ser un tanto melancólica. Comienza a refrescar, los días se notan más cortos, el paisaje cambia progresivamente mostrando una explosión de tonos cobrizos para, finalmente, dejar a la vista la desnudez de la naturaleza que nos rodea.

Para inaugurar este cambio de estación hemos vivido un fenómeno lunar de gran belleza. La mayor super luna del año, momento en el que la luna está más cercana a la tierra, ha coincidido con un eclipse lunar ofreciéndonos una super luna roja espectacular. Luna de sangre, por el color, aunque algunos seguro que encuentran en este nombre inspiración para otro tipo de historias.

Vemos que la naturaleza tiene sus ciclos, igual que nosotros, y vemos cómo se prepara para cada uno de ellos. En cada estación se muestra de forma diferente. Lo vemos claramente.

Nosotros formamos parte de esta naturaleza y también debemos prepararnos para cada estación.

Venimos del verano donde el sol nos anima a salir y relacionarnos más con los demás. Suele coincidir con fechas vacacionales que nos permiten viajar a lugares nuevos y conocer nuevas gentes y/o a lugares viejos en los que reencontrarnos con nuestra gente. También puede que no nos movamos del lugar, pero eso no impedirá que permanezcamos expuestos a la influencia del verano.

El otoño significa dejar atrás una forma de estar. El otoño es el momento de la pérdida de las hojas. Pasamos de los colores vibrantes y deslumbrantes a los colores serenos y cálidos. Pasamos de la extraversión a la introversión. Pasamos de bailar con los demás a bailar con nuestras emociones.

Es una estación de cambio, una estación de transición que nos invita a soltar lo que sobra para dejar espacio a lo nuevo que está por venir. Una época para recoger pensamientos e ideas. Un buen momento para empezar a poner orden en nuestra vida.

Nos prepara para el rebrote tanto a plantas como a personas. Nos prepara para el invierno que será una prueba de fuerza y osadía para los héroes que luchan contra tempestades, villanos y dragones.

Así pues, el otoño puede verse también como una época espléndida en sus colores, de lluvias y tormentas, de recolección, de relajación y contacto con la naturaleza. A mayor sintonía con la naturaleza, más fácil te resultará percibir esta energía renovadora.

 “Hay una armonía en otoño, y un brillo en su cielo, que durante el verano no se escucha o se ve, como si no pudiera ser, como si no hubiera sido” - Percy Bysshe Shelley.


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lunes, 31 de agosto de 2015

Recargando las pilas



En ocasiones, muchos de nosotros aprovechamos las vacaciones para sacar adelante aquellos temas pendientes de los que en el día a día no nos podemos ocupar.

Exprimimos las vacaciones para hacer montones de cosas, nos llenamos de obligaciones y volvemos a tener la agenda repleta de actividades.

Hoy quiero reivindicar el papel de las vacaciones para descansar. De vez en cuando es necesario parar unos días, regalarnos ese tiempo para recargar las pilas, para ir sobre la marcha.

Y una vez de vuelta, puede que esta forma de ver las cosas nos ayude a vivir mejor:


Gestionar nuestra energía en lugar del tiempo.

Ver la importancia del propósito como combustible.

Impulsar rituales que nos ayuden en la gestión de dicha energía y 

aprender a aprovechar las vacaciones para recargar las pilas.



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miércoles, 29 de julio de 2015

La mirada de la ira


Si las miradas matasen… ¿Cuántas veces te han mirado como si te perdonaran la vida? ¿Cuántas veces has querido fulminar a alguien con la mirada?

La ira mueve una gran cantidad de energía y se muestra con gran intensidad, igual que la alegría, pero su efecto es el contrario, a pesar de que también cuenta con un punto de euforia.

La ira prolifera a las mil maravillas cuando sentimos hostilidad, indignación, cólera, enfado, resentimiento, envidia, celos, impotencia, rencor…

La ira nos pone en modo ataque, lo que puede despertar nuestro lado más violento, llegando, en ocasiones, a producir un secuestro emocional, convirtiéndonos así en esclavos de nuestras pasiones.

¿Cómo se manifiesta en ti?

No pretendemos aquí reprimir las emociones, sino entender que cada una tiene su valor y su función, para eso mueven una determinada cantidad de energía.

Imagina una vida sin pasión, sin emociones. Seríamos robots insensibles que se limitan a ejecutar sin sentir, sin avisos que nos alerten de que algo debe cambiar, sin vivir. Las emociones son como las constantes vitales, se muestran con altibajos, dando lugar a la melodía con que resonamos en cada momento.

Calmar la ira que nos embarga es una tarea ardua, requiere esfuerzo por nuestra parte, un grado elevado de consciencia. Todo un arte muy gratificante, cuando se consigue.

Para empezar conviene fijarse en la secuencia de pensamientos sobre los que se basa la ira, pero no para alimentarlos y encontrar razones estupendas que aviven el fuego (la ira es altamente inflamable) sino para poner en tela de juicio las convicciones que nos llevan a ellos y construir así nuestro propio bálsamo.

¿Qué es lo que te hace sentir amenazado?

Cuanto antes prestemos atención a nuestro enfado, más sencillo será reconducir su energía a un camino más productivo, que nos ayude a cambiar de forma asertiva y constructiva aquello que nos molesta.


“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” – Aristóteles.

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martes, 30 de junio de 2015

Los intangibles


Existe una serie de características que te definen. La forma en la que las expresas y las vives te hacen único.

Irán evolucionando contigo, algunas sobresaldrán, otras te gustará mejorarlas, algunas incorporarlas y otras quizá quieras transformarlas.

Podrán copiar lo que haces, podrán copiar lo que dices pero nadie podrá copiar lo que eres.

¿Quién eres tú? Sabemos que interpretamos diferentes papeles según la situación en la que nos encontremos, sin embargo, nuestra esencia permanece inalterable en todos ellos.

Un solo acto no muestra quien eres. Una etiqueta no muestra quien eres, sino multitud de ellas interrelacionadas entre sí, en diferentes contextos y con diferentes personas.

Eso es lo que los demás ven de ti. Ahora bien, ¿qué ves tú de ti? ¿Coincide con lo que muestras en público?

Tu esencia es tu marca.

¿Eres capaz de reconocerla y de expresarla?

“Los valores tangibles son muy fáciles de reproducir, pero los intangibles pueden diferenciarnos de una manera mucho más sólida, mucho más difícil de imitar, lo cual también aumenta la atractividad de nuestro perfil en la búsqueda de oportunidades profesionales.” Herb Kelleher.


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miércoles, 27 de mayo de 2015

Silencio


Para John Cage, el compositor de “el silencio”, lo que llamamos generalmente silencio es más bien una predisposición mental o un estado de ánimo porque, en realidad, estamos rodeados permanentemente de sonidos.


Paradójicamente, tomando esta idea  como base, considerando que el silencio es una predisposición mental más que lo opuesto al sonido, puede ocurrir que sea precisamente un tipo de sonido el que nos ayude a conseguir nuestro silencio interior.

En mi caso, ese sonido es el de la lluvia tormentosa… 

Pero, ¿a qué me refiero cuando hablo de conseguir nuestro silencio interior? Me estoy refiriendo a generar ese estado mental en el que podemos conectar directamente con nuestra esencia y dejar que nos muestre aquello que tanto nos cuesta ver.

Para generarlo necesitamos dedicarle y dedicarnos TIEMPO. Necesitamos hacer un viaje interior desde la cabeza al corazón. Dejar “el pensar” atrás, para llegar “al sentir” y, desde ahí, “al ser”.

El vehículo que nos trasportará de un lugar a otro será la respiración.

Primero observándola, sin forzarla, poniendo en ella toda la atención. Poco a poco se transformará en una respiración lenta y profunda que te ayudará a expulsar lo que sobra de ti con cada espiración y a llenarte de lo que necesitas con cada inspiración...

Esa respiración te permitirá observar los pensamientos como olas en el mar de tu mente... Cómo vienen y van, cómo unos llevan a otros... Cómo algunos se pierden en la inmensidad…

Notarás cómo tu mente se va serenando y empezarás a escuchar tu propia música desde el interior...

Siéntela y deja que te lleve hasta tu esencia…


Encuentra ese espacio que te ayude a empezar. Un espacio libre de interrupciones, en el que te resulte agradable estar. Relaja los músculos de tu cuerpo y siéntate en una postura cómoda, con los ojos abiertos o cerrados, como tú prefieras, y comienza tu viaje al silencio.

Al principio será difícil, te costará encontrar tu ritmo, pero una vez lo descubras, podrás bailar a su son siempre que quieras.

Imagina que el silencio fuera música… ¿cómo sonaría la tuya?


“Hay un sonido de felicidad constantemente en tu interior, como en el interior de todo el mundo. Sólo tenemos que permanecer en silencio para oírlo.” – Osho.


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miércoles, 29 de abril de 2015

A prueba

Vivimos tiempos difíciles. Estamos atravesando uno de esos grandes momentos que se estudian en los libros de historia.

El sistema que conocíamos está en crisis y necesitamos pensar desde otra dimensión.

La incertidumbre nos rodea y se ha convertido en un compañero un tanto incómodo para muchos, generando grandes dosis de ansiedad y miedo.

En esta situación hay problemas cuya solución está fuera de nuestro alcance, aunque sus consecuencias nos den de pleno.

En lugar de enfocarnos constantemente en el problema y la solución que nos excede, podríamos canalizar la energía en otra dirección para ocuparnos de buscar nuestra salida.

Con todo el ruido que nos rodea es posible que nos cueste verla. Si es así, ha llegado el momento de alejarnos de todo eso, de buscar el silencio tanto externo como interno.

Si nos escudamos en la crisis estaremos bloqueando nuestra propia salida. Si nos fijamos solo en lo que ocurre fuera, dejaremos de ver lo que tenemos dentro.

Cambiemos la perspectiva, fijémonos en qué podemos hacer nosotros para superar la situación y evitar que sea la situación la que nos supere a nosotros.

Para encontrar esa salida el primer paso será ver de qué disponemos, no me refiero tanto a lo tangible, que también, sino a lo intangible. Debemos conocernos a nosotros mismos.

Puede ser que necesites ayuda, si es así, pídela.

Démosle prioridad a entendernos para encontrar nuestro remedio, aquello que nos ayude a producir un cambio favorable a nuestra situación.

Cuestionémonos hasta que entendamos qué necesitamos para aceptar este desafío que nos está poniendo a prueba.

“Hablar de  crisis es promoverla y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de eso, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.” – Albert Einstein.


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martes, 31 de marzo de 2015

¿Quién lo va a hacer por ti?

Si no confías en ti mismo, ¿quién lo va a hacer por ti?

Si no te respetas a ti mismo, ¿quién lo va a hacer por ti?

Si no te quieres a ti mismo, ¿quién lo va a hacer por ti?

Estamos hablando de tu autoestima. Tómate el tiempo que necesites para responder y/o para descubrirlo de ahora en adelante.

¿Qué necesitas para confiar en ti?

¿Qué te ayuda a sentirte más fuerte, más seguro de ti mismo?

¿Qué te ayuda a sentirte a la altura de las circunstancias?

¿Qué hace que te respetes a ti mismo? ¿Y a los demás?

Cuando te sientes seguro de ti mismo, ¿qué estás haciendo?

¿En qué momentos sientes que te apoyas a ti mismo?

¿En qué situaciones sientes que la gente te entiende?

¿Cuándo te interesas por ti mismo?

¿Quién sientes que se preocupa por ti?

Empezaremos por el respeto, a ti mismo y a los demás. Fíjate en que cuando te sientes satisfecho por algo que has hecho generalmente es porque te sientes valorado y respetado, fundamentalmente por el juez que llevas dentro, sin importarte tanto lo que opinen los demás.

Sentirse  valorado comienza, sin duda, por uno mismo, y eso, entre otras cosas, va a depender de tus habilidades para responder correctamente a las diferentes situaciones que se te presentan. Tus creencias tienen un papel protagonista a la hora de mostrar y desarrollar esas habilidades.

Seguro que has oído hablar de la asertividad, pero ¿de qué manera te puede ayudar la asertividad a mejorar tu autoestima?

Según Olga Castanyer en “La asertividad, expresión de una sana autoestima”, asertividad es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás.

Para poder trabajarla es necesario identificar correctamente cuál es el obstáculo que nos está impidiendo expresarnos como quisiéramos y cuáles son los elementos circunstanciales que rodean dicho obstáculo y contribuyen a ponernos la zancadilla.

La asertividad se manifiesta tanto verbal como no verbalmente.

Verbalmente estos son los aspectos en los que puedes empezarte a fijar:

·    Cómo manifiestas tu propia opinión en una situación determinada.

· Cómo expresas un razonamiento para explicar/justificar tu opinión, sentimientos o necesidades.

·  Cómo pones de manifiesto la presencia de un problema que consideras debe ser solucionado.

·     Cómo pides algo cuando es necesario.

·     Cómo pides aclaraciones si tienes dudas sobre algo.

·     Cómo expresas emociones como gratitud, afecto, admiración…

·     Cómo expresas emociones como insatisfacción, dolor, desconcierto…

¿Lo haces como te gustaría? ¿Qué puedes mejorar para la próxima vez?

Cuando nos comunicamos de forma asertiva, las manifestaciones no verbales están en consonancia con el contenido verbal. Nos referimos, por ejemplo a la postura, la expresión facial y la entonación que adoptamos bien cuando hablamos, bien cuando callamos. Podemos fijarnos en:

·   Cómo es nuestra mirada al interlocutor, ¿lo evitamos, lo miramos de forma directa y agresiva o simplemente mantenemos un contacto visual frecuente y relajado? En este último caso estaremos siendo asertivos.

·   Nuestra expresión facial es el espejo del alma. Muestra nuestro estado emocional, si comprendemos o no lo que está ocurriendo, nuestra actitud. ¿Es acorde con lo que quieres transmitir?

·    Nuestra postura corporal. Indicará cómo nos sentimos y cuál es nuestra actitud frente a un tema. Muy relacionada con la mirada.

·    Los gestos. Cuando nos comunicamos de forma asertiva serán desinhibidos y espontáneos.

·  Cómo transmitimos el mensaje: volumen de voz y tono en consonancia con el menaje que se quiere transmitir, sin intimidar pero con seguridad. Fluidez, claridad y velocidad adecuada.

Las personas tendemos a comportarnos de una u otra manera pero no lo hacemos siempre igual.

Somos humanos, tenemos sentimientos y somos imperfectos. A veces nos equivocamos. ¿Aprendemos de nuestros errores? He ahí la cuestión.

La conducta asertiva se aprende, es cuestión de entrenamiento, de ensayo y error. Si quieres, puedes. Si necesitas ayuda, pídela.

“Amarse a sí mismo es el comienzo de un idilio que durará toda la vida.” – Oscar Wilde.

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