viernes, 30 de octubre de 2015

¿Montaña rusa o línea vital?

Observa estas dos imágenes:





¿Qué te sugieren?

Imagina tener siempre el mismo nivel de entusiasmo por absolutamente todo lo que ocurre a tu alrededor. ¿Cómo distinguirías entre lo que te gusta y lo que no? ¿Cómo harías tus elecciones? ¿Cómo transformarías la información que te rodea en conocimiento? ¿Cómo sabrías si estás en tierra hostil?

Metafóricamente hablando podríamos comparar estas imágenes con las mostradas por esos monitores que indican las constantes vitales.

¿Con cuál te quedarías?

¿Qué es para ti la estabilidad emocional?

Yo prefiero hablar de inteligencia emocional para reconocer las demandas de la mente humana, para aprender a vivir las emociones de cada momento y bailar a su ritmo descubriendo nuevos pasos con cada compás.


“Sólo se puede ver correctamente con el corazón; lo esencial permanece invisible para el ojo.” – Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.


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miércoles, 30 de septiembre de 2015

La caída de las hojas


Comienza una nueva estación. Una estación que, para algunos, puede ser un tanto melancólica. Comienza a refrescar, los días se notan más cortos, el paisaje cambia progresivamente mostrando una explosión de tonos cobrizos para, finalmente, dejar a la vista la desnudez de la naturaleza que nos rodea.

Para inaugurar este cambio de estación hemos vivido un fenómeno lunar de gran belleza. La mayor super luna del año, momento en el que la luna está más cercana a la tierra, ha coincidido con un eclipse lunar ofreciéndonos una super luna roja espectacular. Luna de sangre, por el color, aunque algunos seguro que encuentran en este nombre inspiración para otro tipo de historias.

Vemos que la naturaleza tiene sus ciclos, igual que nosotros, y vemos cómo se prepara para cada uno de ellos. En cada estación se muestra de forma diferente. Lo vemos claramente.

Nosotros formamos parte de esta naturaleza y también debemos prepararnos para cada estación.

Venimos del verano donde el sol nos anima a salir y relacionarnos más con los demás. Suele coincidir con fechas vacacionales que nos permiten viajar a lugares nuevos y conocer nuevas gentes y/o a lugares viejos en los que reencontrarnos con nuestra gente. También puede que no nos movamos del lugar, pero eso no impedirá que permanezcamos expuestos a la influencia del verano.

El otoño significa dejar atrás una forma de estar. El otoño es el momento de la pérdida de las hojas. Pasamos de los colores vibrantes y deslumbrantes a los colores serenos y cálidos. Pasamos de la extraversión a la introversión. Pasamos de bailar con los demás a bailar con nuestras emociones.

Es una estación de cambio, una estación de transición que nos invita a soltar lo que sobra para dejar espacio a lo nuevo que está por venir. Una época para recoger pensamientos e ideas. Un buen momento para empezar a poner orden en nuestra vida.

Nos prepara para el rebrote tanto a plantas como a personas. Nos prepara para el invierno que será una prueba de fuerza y osadía para los héroes que luchan contra tempestades, villanos y dragones.

Así pues, el otoño puede verse también como una época espléndida en sus colores, de lluvias y tormentas, de recolección, de relajación y contacto con la naturaleza. A mayor sintonía con la naturaleza, más fácil te resultará percibir esta energía renovadora.

 “Hay una armonía en otoño, y un brillo en su cielo, que durante el verano no se escucha o se ve, como si no pudiera ser, como si no hubiera sido” - Percy Bysshe Shelley.


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lunes, 31 de agosto de 2015

Recargando las pilas



En ocasiones, muchos de nosotros aprovechamos las vacaciones para sacar adelante aquellos temas pendientes de los que en el día a día no nos podemos ocupar.

Exprimimos las vacaciones para hacer montones de cosas, nos llenamos de obligaciones y volvemos a tener la agenda repleta de actividades.

Hoy quiero reivindicar el papel de las vacaciones para descansar. De vez en cuando es necesario parar unos días, regalarnos ese tiempo para recargar las pilas, para ir sobre la marcha.

Y una vez de vuelta, puede que esta forma de ver las cosas nos ayude a vivir mejor:


Gestionar nuestra energía en lugar del tiempo.

Ver la importancia del propósito como combustible.

Impulsar rituales que nos ayuden en la gestión de dicha energía y 

aprender a aprovechar las vacaciones para recargar las pilas.



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miércoles, 29 de julio de 2015

La mirada de la ira


Si las miradas matasen… ¿Cuántas veces te han mirado como si te perdonaran la vida? ¿Cuántas veces has querido fulminar a alguien con la mirada?

La ira mueve una gran cantidad de energía y se muestra con gran intensidad, igual que la alegría, pero su efecto es el contrario, a pesar de que también cuenta con un punto de euforia.

La ira prolifera a las mil maravillas cuando sentimos hostilidad, indignación, cólera, enfado, resentimiento, envidia, celos, impotencia, rencor…

La ira nos pone en modo ataque, lo que puede despertar nuestro lado más violento, llegando, en ocasiones, a producir un secuestro emocional, convirtiéndonos así en esclavos de nuestras pasiones.

¿Cómo se manifiesta en ti?

No pretendemos aquí reprimir las emociones, sino entender que cada una tiene su valor y su función, para eso mueven una determinada cantidad de energía.

Imagina una vida sin pasión, sin emociones. Seríamos robots insensibles que se limitan a ejecutar sin sentir, sin avisos que nos alerten de que algo debe cambiar, sin vivir. Las emociones son como las constantes vitales, se muestran con altibajos, dando lugar a la melodía con que resonamos en cada momento.

Calmar la ira que nos embarga es una tarea ardua, requiere esfuerzo por nuestra parte, un grado elevado de consciencia. Todo un arte muy gratificante, cuando se consigue.

Para empezar conviene fijarse en la secuencia de pensamientos sobre los que se basa la ira, pero no para alimentarlos y encontrar razones estupendas que aviven el fuego (la ira es altamente inflamable) sino para poner en tela de juicio las convicciones que nos llevan a ellos y construir así nuestro propio bálsamo.

¿Qué es lo que te hace sentir amenazado?

Cuanto antes prestemos atención a nuestro enfado, más sencillo será reconducir su energía a un camino más productivo, que nos ayude a cambiar de forma asertiva y constructiva aquello que nos molesta.


“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” – Aristóteles.

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martes, 30 de junio de 2015

Los intangibles


Existe una serie de características que te definen. La forma en la que las expresas y las vives te hacen único.

Irán evolucionando contigo, algunas sobresaldrán, otras te gustará mejorarlas, algunas incorporarlas y otras quizá quieras transformarlas.

Podrán copiar lo que haces, podrán copiar lo que dices pero nadie podrá copiar lo que eres.

¿Quién eres tú? Sabemos que interpretamos diferentes papeles según la situación en la que nos encontremos, sin embargo, nuestra esencia permanece inalterable en todos ellos.

Un solo acto no muestra quien eres. Una etiqueta no muestra quien eres, sino multitud de ellas interrelacionadas entre sí, en diferentes contextos y con diferentes personas.

Eso es lo que los demás ven de ti. Ahora bien, ¿qué ves tú de ti? ¿Coincide con lo que muestras en público?

Tu esencia es tu marca.

¿Eres capaz de reconocerla y de expresarla?

“Los valores tangibles son muy fáciles de reproducir, pero los intangibles pueden diferenciarnos de una manera mucho más sólida, mucho más difícil de imitar, lo cual también aumenta la atractividad de nuestro perfil en la búsqueda de oportunidades profesionales.” Herb Kelleher.


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miércoles, 27 de mayo de 2015

Silencio


Para John Cage, el compositor de “el silencio”, lo que llamamos generalmente silencio es más bien una predisposición mental o un estado de ánimo porque, en realidad, estamos rodeados permanentemente de sonidos.


Paradójicamente, tomando esta idea  como base, considerando que el silencio es una predisposición mental más que lo opuesto al sonido, puede ocurrir que sea precisamente un tipo de sonido el que nos ayude a conseguir nuestro silencio interior.

En mi caso, ese sonido es el de la lluvia tormentosa… 

Pero, ¿a qué me refiero cuando hablo de conseguir nuestro silencio interior? Me estoy refiriendo a generar ese estado mental en el que podemos conectar directamente con nuestra esencia y dejar que nos muestre aquello que tanto nos cuesta ver.

Para generarlo necesitamos dedicarle y dedicarnos TIEMPO. Necesitamos hacer un viaje interior desde la cabeza al corazón. Dejar “el pensar” atrás, para llegar “al sentir” y, desde ahí, “al ser”.

El vehículo que nos trasportará de un lugar a otro será la respiración.

Primero observándola, sin forzarla, poniendo en ella toda la atención. Poco a poco se transformará en una respiración lenta y profunda que te ayudará a expulsar lo que sobra de ti con cada espiración y a llenarte de lo que necesitas con cada inspiración...

Esa respiración te permitirá observar los pensamientos como olas en el mar de tu mente... Cómo vienen y van, cómo unos llevan a otros... Cómo algunos se pierden en la inmensidad…

Notarás cómo tu mente se va serenando y empezarás a escuchar tu propia música desde el interior...

Siéntela y deja que te lleve hasta tu esencia…


Encuentra ese espacio que te ayude a empezar. Un espacio libre de interrupciones, en el que te resulte agradable estar. Relaja los músculos de tu cuerpo y siéntate en una postura cómoda, con los ojos abiertos o cerrados, como tú prefieras, y comienza tu viaje al silencio.

Al principio será difícil, te costará encontrar tu ritmo, pero una vez lo descubras, podrás bailar a su son siempre que quieras.

Imagina que el silencio fuera música… ¿cómo sonaría la tuya?


“Hay un sonido de felicidad constantemente en tu interior, como en el interior de todo el mundo. Sólo tenemos que permanecer en silencio para oírlo.” – Osho.


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miércoles, 29 de abril de 2015

A prueba

Vivimos tiempos difíciles. Estamos atravesando uno de esos grandes momentos que se estudian en los libros de historia.

El sistema que conocíamos está en crisis y necesitamos pensar desde otra dimensión.

La incertidumbre nos rodea y se ha convertido en un compañero un tanto incómodo para muchos, generando grandes dosis de ansiedad y miedo.

En esta situación hay problemas cuya solución está fuera de nuestro alcance, aunque sus consecuencias nos den de pleno.

En lugar de enfocarnos constantemente en el problema y la solución que nos excede, podríamos canalizar la energía en otra dirección para ocuparnos de buscar nuestra salida.

Con todo el ruido que nos rodea es posible que nos cueste verla. Si es así, ha llegado el momento de alejarnos de todo eso, de buscar el silencio tanto externo como interno.

Si nos escudamos en la crisis estaremos bloqueando nuestra propia salida. Si nos fijamos solo en lo que ocurre fuera, dejaremos de ver lo que tenemos dentro.

Cambiemos la perspectiva, fijémonos en qué podemos hacer nosotros para superar la situación y evitar que sea la situación la que nos supere a nosotros.

Para encontrar esa salida el primer paso será ver de qué disponemos, no me refiero tanto a lo tangible, que también, sino a lo intangible. Debemos conocernos a nosotros mismos.

Puede ser que necesites ayuda, si es así, pídela.

Démosle prioridad a entendernos para encontrar nuestro remedio, aquello que nos ayude a producir un cambio favorable a nuestra situación.

Cuestionémonos hasta que entendamos qué necesitamos para aceptar este desafío que nos está poniendo a prueba.

“Hablar de  crisis es promoverla y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de eso, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.” – Albert Einstein.


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