viernes, 30 de enero de 2015

Cuestión de Confianza

La confianza podemos entenderla como una vía de doble sentido, damos confianza y recibimos confianza y, además, también podemos entenderla como la seguridad que tenemos en nosotros mismos.
Cuando hablamos de confianza en nosotros mismos, la autoestima juega un papel importante. Su fortaleza nos ayudará a crear puentes que nos conecten tanto con nuestro interior, como con otras personas.
Si no confías en ti mismo, ¿quién lo va a hacer por ti?
Si la ponemos en un contexto relacional, podemos generar confianza en los demás y tener confianza en los demás.
Robert K. Cooper nos dice que confiamos en los demás cuando hay dos cualidades presentes en la relación:
1.    Sentimos que los demás nos entienden.
2.    Sentimos que se preocupan por nosotros
Empatía, paciencia y curiosidad son tres elementos que nos pueden ayudar a crear relaciones de confianza. Hablar claramente, con sinceridad, con respeto hacia quien tenemos en frente, incluso hacia los no presentes en el momento, escuchando de verdad, con todos los sentidos, dedicando el tiempo y el espacio a ello.
Coherencia, autenticidad. Predica con el ejemplo. Si criticas aquello que tú mismo permites no tendrás mucha credibilidad.
Aprende continuamente de cada situación. Descubre las oportunidades de mejora y aprovéchalas. Mejora tus competencias, habilidades, conocimientos. Amplía tu visión de conjunto y entiende cómo se relacionan unas cosas con otras.
Si haces promesas, cúmplelas. Si no estás dispuesto a cumplirlas, o no estás seguro de  poder hacerlo, no las hagas.
Confía y confiarán en ti. La confianza no tiene término medio, o confías o no confías.
¿Quién está dentro de tu círculo de confianza?
¿Qué haces tú para generar confianza en los demás?
La vida es un todo indivisible en el que salen a escena todos tus personajes, los que te definen, los que conforman quién eres tú. Todos ellos te ayudarán a generar esa confianza.

“Entre las cualidades más esenciales del espíritu humano está la confianza en uno mismo y el crear confianza en los demás.” – Gandhi.

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lunes, 29 de diciembre de 2014

¿En tierra hostil?

Huida, parálisis, ataque son los mecanismos de defensa que nos proporciona el estrés, cuando considera que estamos en peligro, para ayudarnos a sobrevivir.

Son mecanismos automáticos de los que nos ha dotado la evolución y que nos han sido muy útiles en determinadas circunstancias, cuando nos adentramos en territorio hostil, para estar alerta y lograr sobrevivir ante una amenaza inminente. Hablamos de esas situaciones en las que pararnos a pensar y razonar nos llevaría al más fatal de los desenlaces, la muerte.

Sin embargo, hay otras circunstancias en las que, a pesar del peligro, también hay una gran oportunidad. Aquí la huida, la parálisis y el ataque no nos ayudan en absoluto. Aquí no se trata de sobrevivir, sino de adaptarse. Aquí el secuestro emocional nos provocaría un desgaste tal que boicotearía nuestra capacidad de adaptación.

Aquí lo importante es dar rienda suelta a nuestra creatividad, capacidad de atención, perspectiva y memoria. Esto nos permitirá aprender y adaptarnos al nuevo territorio desconocido, que no hostil. Este sería otro mecanismo de defensa, activado también por el estrés, cuando lo que necesitamos es adaptarnos.

Por tanto, es de vital importancia identificar en qué terreno nos movemos.

Como nos dice el Dr. Mario Alonso Puig, para pasar del mecanismo de supervivencia al de adaptación cuando vemos que estamos secuestrados por la amígdala, el centro emocional de nuestro cerebro, y nos encontramos ante una situación que requiere adaptación en lugar de supervivencia hemos de tener en cuenta:

1.    ¿Dónde estás fijando tu atención? Nuestra atención es selectiva, podemos elegir en qué nos fijamos. “Vemos donde miramos”.  

2.    Cómo son tus expectativas, tanto sobre ti como sobre los demás. Cuánto más elevadas sean mayor capacidad de adaptación. 

3.   Cómo te hablas a ti mismo. ¿Nos tratamos como nos gustaría que nos trataran los demás, o somos despiadados en nuestro dialogo interno? ¿Eres consciente?  

4.    Cómo te tratas ante el error necesario para el aprendizaje. ¿Te castigas, lo ocultas, aprendes de él…?

“Para adaptarnos tenemos que explorar, conocer, comprender y aprender los patrones que conforman  este nuevo entorno... La adaptación pide de nosotros no sólo apertura mental para explorar nuevas posibilidades, sino también la fortaleza emocional para atrevernos a hacer lo que tal vez antes no nos hemos atrevido.” – Dr. Mario Alonso Puig. 

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domingo, 30 de noviembre de 2014

El Síndrome de Estocolmo.

Hay relaciones de dependencia que nos hacen sentir “secuestrados”, sin embargo, a pesar de ello, las seguimos manteniendo tal y como están.

¿Acaso tenemos síndrome de Estocolmo?

Este tipo de relaciones pueden darse en el ámbito personal, pero también lo hacen en el profesional/laboral.

En ambos casos nos limitan, si no prestamos atención. Una relación es cosa de dos (al menos), si no nos gusta cómo nos hace sentir podemos tomar cartas en el asunto. Un pequeño cambio por nuestra parte puede obrar maravillas en una relación.

Somos seres sociales y, en general, necesitamos la aprobación de los demás, tanto que a veces pasamos por alto nuestra propia aprobación. Sin embargo, cuando esto se convierte en la norma, somos el copiloto de nuestra propia vida, dejando que sean otros quienes decidan en nuestro lugar.

Cuando eso ocurre, ha llegado el momento de hacer un alto en el camino y encontrar el equilibrio entre nuestras propias necesidades y las del grupo que nos acoge y necesita.

Esto nos puede desestabilizar, necesitaremos dedicarnos el tiempo suficiente para conocer nuestros puntos más vulnerables y aquellos otros que nos ayudarán en esta transición.

Entre los puntos vulnerables nos podemos encontrar con una inestabilidad emocional que nos conduzca a un nuevo secuestro, en este caso emocional, y que sean las emociones las que tomen el control, haciéndonos transitar por un camino desbordado de pasiones que nos agotarán y frustrarán a cada paso.

Sin embargo, si somos conscientes de esto, podremos construir estrategias que nos ayuden a ser más inteligentes emocionalmente hablando, utilizando aquellos puntos fuertes que nos dotarán del ritmo necesario para bailar con las emociones y definir nuestras relaciones.

“La emoción es algo fundamental para pensar eficazmente, tanto para tomar decisiones inteligentes como para permitirnos simplemente pensar con claridad.” – Daniel Goleman. 


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miércoles, 29 de octubre de 2014

La Constancia

La constancia, una cualidad que me ayuda a conseguir lo que quiero, con la que me siento cómoda y, sin embargo, de la que me resulta difícil hablar.

El tema surge tras una conversación con uno de mis lectores que me comentaba que le gustaría ser más constante, pero ser más constante en qué. En general, me decía. “En general es muy amplio”, conviene concretar un poco más.

Según la Real Academia Española, la constancia es la firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos.

La firmeza y la perseverancia indican un cierto grado de esfuerzo. Los propósitos nos sugieren que hemos de tener un tema en mente sobre el que aplicar la constancia, por lo tanto, “en general” no vale.

Al igual que la caminata más larga comienza con el primer paso, el esfuerzo más grande comienza con el primer gesto. Su repetición generará el hábito que necesitas incorporar en tu vida y satisfará a tu espíritu de superación.

Y qué me dices de tu actitud, ¿te ayuda a generar nuevos hábitos?

Pero volvamos al propósito, al para qué quieres ser más constante. Qué quieres conseguir. La motivación es el abono que necesita el esfuerzo. Sin motivación y sin ilusión no hay lugar para el desarrollo, son los aliados perfectos para forjar un nuevo hábito.

La motivación te ayudará a ser más dueño de ti mismo, te ayudará a priorizar el gozo a largo plazo sobre el placer inmediato. Será la luz en la oscuridad. La motivación te hará inasequible al desaliento. La motivación te dará fuerza de voluntad.

La constancia nos hace ver que somos vulnerables, que podemos flaquear, sin embargo, “el hombre constante mira hacia delante con la ilusión de alcanzar la cima deseada y por eso se mantiene firme, inalterable.” (Enrique Rojas).

Tu visión de futuro te ayudará a sortear los obstáculos del camino y a tomar decisiones sobre lo que es mejor, o no, hacer. Te dará libertad de elección.

¿Cuál es tu cima?, ¿cuál es el futuro que quieres crear?


“Comenzar supone mucho, pero perseverar es todo.” – Enrique Rojas.




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martes, 30 de septiembre de 2014

ViVe el Cambio

Hoy quiero compartir con vosotros la apertura de un nuevo espacio desde el que seguir contribuyendo a la evolución del potencial humano que, a su vez, es fruto del mío propio.

Este nuevo espacio es:


Un espacio dedicado al desarrollo personal, profesional y empresarial.

Un espacio dedicado a aquellos que queremos transformarnos en busca de la excelencia para ser un referente.

Un espacio dedicado a aquellos que queremos crear nuestro futuro hoy.

ViVeKa, vive el cambio es el resultado de un proceso de transformación profesional originado por el inconformismo que me caracteriza, por el afán de superación y el espíritu emprendedor que llevo dentro.

Existe una expresión hindú que se utiliza para manifestar el “poder que posee la razón humana para reconocer el buen camino a seguir y para guiar a la personalidad por dicho camino, animándola y ayudándola a evitar todo peligro”. Esa expresión es VIVEKA.

VIVEKA define perfectamente una de las consecuencias que, para mí, tiene el coaching, que no es otra que SER CONSCIENTES de nosotros mismos, estar en contacto con nuestra esencia.

De aquí surge ViVeKa, vive el cambio.

Te ayudaremos a que encuentres otras OPCIONES para seguir avanzando. Aquí no hay garantías, lo que si hay es COMPROMISO, HONESTIDAD y PASIÓN.

Si te mueve el aspecto profesional, ya seas autónomo, pyme o si estás pensando en emprender una nueva actividad, además te ayudaremos en la gestión de tu negocio.

Tendrás a tu disposición todos los beneficios de un departamento de administración y finanzas adaptado a tus necesidades.

Comenzaremos esta nueva etapa con talleres dirigidos a emprendedores, pymes y personas en evolución. Serán el inicio de la transformación

Quisiera terminar haciendo los agradecimientos oportunos, ya que, como dice mi madre, “es de bien nacida ser agradecida” así que…

Quiero agradecer a mis padres su apoyo incondicional, no sólo moralmente, sino también activamente. No concibo este proyecto sin su ayuda.

A Víctor, mi compañero en la vida, por creer en mí. Por su trabajo en este proyecto. Fundamental. Por darme paz y darme guerra.

A Guillermo y Mari por darme difusión y ayudarme a conseguir voluntarios para mis prácticas.

A Guiller y Clara por abrirme las puertas de su casa y ponerla a mi total disposición.

A los voluntarios del periodo de prácticas por confiar en mí.

A Sole y Ángela por su energía en nuestros viajes.

A Sonia y Alfonso por nuestras conversaciones.

A Jorge por permitirme ser tan flexible.

A mis “coaches” María, Mari Carmen, Mamen y Estela por alumbrar mi camino.

A Víctor G. por su disposición para atender mis dudas en asuntos laborales.

A D’ARTE por abrirme camino.


A mis alumnas de la 8ª y 9ª edición del Especialista Universitario en Coaching con IE y PNL. Ha sido una experiencia muy enriquecedora. He aprendido grandes cosas con vosotras. Gracias por vuestras recomendaciones, vuestros feedbacks y gracias por querer seguir trabajando conmigo.

A TODOS mis clientes, su evolución forma parte de la mía propia.

Gracias a todos por vuestra contribución a este proyecto.


“La diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer resolvería la mayoría de los problemas del mundo.” – Mahatma Gandhi.


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miércoles, 30 de julio de 2014

La niebla

Todo empieza con un “vuelco del corazón”. De repente ocurre algo, una conversación, un hecho, que pone de manifiesto lo que siempre había estado ahí pero que no veías o no le habías dado importancia alguna.

Curiosamente, su manifestación te nubla la vista, te impide ver más allá, empiezas a dudar, a caer en un abismo, todo se desmorona. Comienzas a sentir vértigo, miedo. Te castigas, ¿cómo no te habías percatado de esto?, para, poco después, comenzar a culpar a los demás por lo que ellos han hecho, o no, para que esto te pase a ti…

Cuando eso ocurre, te olvidas de ti, pasas de tu frustración, de tus miedos iniciales al enfado generalizado con el mundo. TODO está en tu contra. NADIE te apoya,¿cómo vas a seguir adelante TU SOLO?

La desesperación se apodera de ti, quieres tirar la toalla, total, ¿para qué?, ¿qué necesidad tienes de seguir con esto?...

Puedes seguir ahí todo el tiempo que quieras lamentándote, llorando una pérdida que todavía no ha ocurrido cuando, únicamente, has descubierto un obstáculo en tu camino que te ha confundido, ha nublado tu visión, pero  ¿te impide continuar?, ¿seguro que NADIE te apoya?, ¿de verdad estás TU SOLO?

El obstáculo está ahí, eso es cierto, pero ¿es insalvable?

Este es un buen momento para poner a prueba tu motivación. El paso del tiempo puede empañarla y desgastarla, sin embargo será tu mejor aliada para ayudarte a conducir con niebla.

La niebla nubla tu mente y te impide pensar con claridad, pero es pasajera. Cuando se cierne sobre ti, el miedo toma las riendas, se genera un estado de alerta y ansiedad porque no puedes ver, no sabes con qué te vas a encontrar más adelante. Si reducimos la velocidad, incluso si nos paramos, prestamos atención y tomamos conciencia del peligro, podremos reanudar la marcha cuando hayamos disipado esa niebla.

¿Qué vas a hacer la próxima vez que se forme niebla?

“Las emociones dificultan o favorecen nuestra capacidad de pensar, de planificar, de acometer el adiestramiento necesario para alcanzar un objetivo a largo plazo, de solucionar problemas, etc., y, en este mismo sentido, establecen los límites de nuestras capacidades mentales innatas y determinan así los logros que podremos alcanzar en nuestra vida. Y en la medida en que estemos motivados por el entusiasmo y el gusto en lo que hacemos, se convierten en excelentes estímulos para el logro. Es por ello que la inteligencia emocional constituye una aptitud maestra, una facultad que influye profundamente sobre todas nuestras otras facultades, ya sea favoreciéndolas o dificultándolas.” – Daniel Goleman.


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lunes, 30 de junio de 2014

Piedras en el zapato

Comenzamos una nueva aventura, cogemos nuestra mochila con lo que vayamos a necesitar y nos aseguramos de llevar un calzado adecuado, aquel que nos facilite el camino, con el que nos sintamos mejor.

Llevamos un tiempo preparándonos para este viaje, física y mentalmente. Nos hemos informado sobre las posibles contingencias y hemos preparado una guía que nos reconforta.

Nos acompañan las ganas de emprender algo nuevo, la ilusión, la incertidumbre… y aquellas personas con las que hemos querido compartir esta nueva etapa. En ocasiones nos animan, en otras nos advierten y otras nos desesperan, pero siempre están ahí, apoyándonos en nuestra empresa.

¡Lo tenemos todo listo, estamos preparados!

La primera etapa comienza con calma, hay que dosificarse, adaptarse al nuevo entorno. Lo observamos todo y estamos muy despiertos.

Conforme vamos avanzando nos empezamos a despistar un poco, ponemos el modo semiautomático y en un bache del camino metemos el pie hasta el fondo. Como llevamos un calzado adecuado, las consecuencias son menores, un pequeño traspiés que nos arranca una sonrisa y continuamos camino.  Pero al cabo de un rato, notamos una pequeña molestia. Se nos ha metido una piedra en el zapato. Una piedra muy, muy pequeña.

¡Qué fastidio! ¡Justo ahora que llevábamos buen ritmo! ¿Cuánto falta para acabar esta etapa? Bueno…, podemos continuar un poco más, total, es taaaannn pequeña, apenas molesta, ya nos pararemos luego…, un poco más adelante, cuando…

Seguimos camino y, de repente, ¡nos hemos olvidado de la piedra!, ¿qué piedra? La que sigue ahí, en tu zapato, la que no se ha ido por voluntad propia, no se ha evaporado, ni esfumado, no ha desaparecido sin mas… Eso te hubiera gustado, ¿eh?

Pero, de repente, nos entra otra piedra. ¡Más vale que habíamos elegido un buen calzado!... ¿¡Otra!? Si ya no queda nada… ya, pero… esta es algo más grande que la anterior, ¡molesta!

Bueno, la otra ni la notamos, si nos esforzamos un poco y removemos el pie dentro del zapato sentimos que está ahí, pero si no lo movemos… Bah, en la próxima parada nos quitamos ambas y refrescamos los pies.

Al igual que antes, pasado un rato se nos vuelve a olvidar que tenemos otro intruso en nuestro zapato. Del viejo ni nos acordamos. Sin embargo, ¡siguen estando ahí!

Hacemos un alto en el camino y aprovechamos para refrescarnos los pies, mover los dedos…, que nos apetece. Cuál es nuestra sorpresa cuando vemos las magulladuras que tenemos en los pies. ¡Ahggghh, las piedras!

Llegados a este punto necesitamos algo más que un simple, pero relajante, baño de pies. Necesitamos “curar” esas heridas para poder continuar y con toda probabilidad eso va a afectar a nuestra marcha, se hará más dura y cuesta arriba…

Ahora nos lamentamos, ¡con lo fácil que hubiera sido “pararme” para sacar las piedras desde un principio!

Los problemas en la vida son como esas piedras en el zapato, si no te paras y te las sacas, te van haciendo mella, a veces, sin darte cuenta.

Con la próxima piedra, ¿qué vas a hacer?

“Sólo cuando hacemos las paradas necesarias, la vida puede volver a su enfoque con un significado renovado.” – Robert K. Cooper.


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