miércoles, 29 de abril de 2015

A prueba

Vivimos tiempos difíciles. Estamos atravesando uno de esos grandes momentos que se estudian en los libros de historia.

El sistema que conocíamos está en crisis y necesitamos pensar desde otra dimensión.

La incertidumbre nos rodea y se ha convertido en un compañero un tanto incómodo para muchos, generando grandes dosis de ansiedad y miedo.

En esta situación hay problemas cuya solución está fuera de nuestro alcance, aunque sus consecuencias nos den de pleno.

En lugar de enfocarnos constantemente en el problema y la solución que nos excede, podríamos canalizar la energía en otra dirección para ocuparnos de buscar nuestra salida.

Con todo el ruido que nos rodea es posible que nos cueste verla. Si es así, ha llegado el momento de alejarnos de todo eso, de buscar el silencio tanto externo como interno.

Si nos escudamos en la crisis estaremos bloqueando nuestra propia salida. Si nos fijamos solo en lo que ocurre fuera, dejaremos de ver lo que tenemos dentro.

Cambiemos la perspectiva, fijémonos en qué podemos hacer nosotros para superar la situación y evitar que sea la situación la que nos supere a nosotros.

Para encontrar esa salida el primer paso será ver de qué disponemos, no me refiero tanto a lo tangible, que también, sino a lo intangible. Debemos conocernos a nosotros mismos.

Puede ser que necesites ayuda, si es así, pídela.

Démosle prioridad a entendernos para encontrar nuestro remedio, aquello que nos ayude a producir un cambio favorable a nuestra situación.

Cuestionémonos hasta que entendamos qué necesitamos para aceptar este desafío que nos está poniendo a prueba.

“Hablar de  crisis es promoverla y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de eso, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.” – Albert Einstein.


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martes, 31 de marzo de 2015

¿Quién lo va a hacer por ti?

Si no confías en ti mismo, ¿quién lo va a hacer por ti?

Si no te respetas a ti mismo, ¿quién lo va a hacer por ti?

Si no te quieres a ti mismo, ¿quién lo va a hacer por ti?

Estamos hablando de tu autoestima. Tómate el tiempo que necesites para responder y/o para descubrirlo de ahora en adelante.

¿Qué necesitas para confiar en ti?

¿Qué te ayuda a sentirte más fuerte, más seguro de ti mismo?

¿Qué te ayuda a sentirte a la altura de las circunstancias?

¿Qué hace que te respetes a ti mismo? ¿Y a los demás?

Cuando te sientes seguro de ti mismo, ¿qué estás haciendo?

¿En qué momentos sientes que te apoyas a ti mismo?

¿En qué situaciones sientes que la gente te entiende?

¿Cuándo te interesas por ti mismo?

¿Quién sientes que se preocupa por ti?

Empezaremos por el respeto, a ti mismo y a los demás. Fíjate en que cuando te sientes satisfecho por algo que has hecho generalmente es porque te sientes valorado y respetado, fundamentalmente por el juez que llevas dentro, sin importarte tanto lo que opinen los demás.

Sentirse  valorado comienza, sin duda, por uno mismo, y eso, entre otras cosas, va a depender de tus habilidades para responder correctamente a las diferentes situaciones que se te presentan. Tus creencias tienen un papel protagonista a la hora de mostrar y desarrollar esas habilidades.

Seguro que has oído hablar de la asertividad, pero ¿de qué manera te puede ayudar la asertividad a mejorar tu autoestima?

Según Olga Castanyer en “La asertividad, expresión de una sana autoestima”, asertividad es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás.

Para poder trabajarla es necesario identificar correctamente cuál es el obstáculo que nos está impidiendo expresarnos como quisiéramos y cuáles son los elementos circunstanciales que rodean dicho obstáculo y contribuyen a ponernos la zancadilla.

La asertividad se manifiesta tanto verbal como no verbalmente.

Verbalmente estos son los aspectos en los que puedes empezarte a fijar:

·    Cómo manifiestas tu propia opinión en una situación determinada.

· Cómo expresas un razonamiento para explicar/justificar tu opinión, sentimientos o necesidades.

·  Cómo pones de manifiesto la presencia de un problema que consideras debe ser solucionado.

·     Cómo pides algo cuando es necesario.

·     Cómo pides aclaraciones si tienes dudas sobre algo.

·     Cómo expresas emociones como gratitud, afecto, admiración…

·     Cómo expresas emociones como insatisfacción, dolor, desconcierto…

¿Lo haces como te gustaría? ¿Qué puedes mejorar para la próxima vez?

Cuando nos comunicamos de forma asertiva, las manifestaciones no verbales están en consonancia con el contenido verbal. Nos referimos, por ejemplo a la postura, la expresión facial y la entonación que adoptamos bien cuando hablamos, bien cuando callamos. Podemos fijarnos en:

·   Cómo es nuestra mirada al interlocutor, ¿lo evitamos, lo miramos de forma directa y agresiva o simplemente mantenemos un contacto visual frecuente y relajado? En este último caso estaremos siendo asertivos.

·   Nuestra expresión facial es el espejo del alma. Muestra nuestro estado emocional, si comprendemos o no lo que está ocurriendo, nuestra actitud. ¿Es acorde con lo que quieres transmitir?

·    Nuestra postura corporal. Indicará cómo nos sentimos y cuál es nuestra actitud frente a un tema. Muy relacionada con la mirada.

·    Los gestos. Cuando nos comunicamos de forma asertiva serán desinhibidos y espontáneos.

·  Cómo transmitimos el mensaje: volumen de voz y tono en consonancia con el menaje que se quiere transmitir, sin intimidar pero con seguridad. Fluidez, claridad y velocidad adecuada.

Las personas tendemos a comportarnos de una u otra manera pero no lo hacemos siempre igual.

Somos humanos, tenemos sentimientos y somos imperfectos. A veces nos equivocamos. ¿Aprendemos de nuestros errores? He ahí la cuestión.

La conducta asertiva se aprende, es cuestión de entrenamiento, de ensayo y error. Si quieres, puedes. Si necesitas ayuda, pídela.

“Amarse a sí mismo es el comienzo de un idilio que durará toda la vida.” – Oscar Wilde.

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viernes, 27 de febrero de 2015

Imagine

Hoy la cosa va de imaginar…
Vivimos inmersos en las prisas del día a día. Tenemos la agenda repleta de cosas que hacer: vida social, familia, trabajo, deporte, ¿ocio?…
A veces estamos apagando fuegos constantemente y eso nos impide ver más allá. Estamos aquí pensando qué tenemos que hacer después y nos olvidamos de que, ahora, estamos aquí…
Así es bastante complicado tomar decisiones que nos ayuden a definir el futuro que queremos, incluso simplemente vivir el momento, es decir, VIVIR. Nos dejamos llevar por la marea y, a veces, la resaca nos deja KO en la inmensidad del océano.
Dado el caso, no se trata de nadar contracorriente, agotándonos y hundiéndonos en las profundidades, sino en paralelo a la orilla para escapar de ese poder de succión y encontrar aquel remanso que nos permita tomar perspectiva y volver a conectar con nosotros mismos.
La cuestión es, ¿dónde está la orilla? Párate. Búscala. Sitúate y comienza a nadar. Al cabo de un rato atisbarás ese remanso.
¿Cómo es? .......imagínalo....... ¿dónde está? ........... ¿qué necesitas para llegar hasta él? …………… ¿de qué tienes que prescindir para disfrutar de ese espacio?
Ahora que ya has localizado “tu zona” quédate ahí un rato y regodéate disfrutando de ella…
Desde ahí tienes la capacidad de mirar a tu alrededor y verlo todo con perspectiva, como si fueras un observador.
Puedes ver los intereses que te mueven en la vida y acercarte a ellos para descubrir más. Puedes ver tu fortaleza y cómo usarla para que te ayude a salir de la corriente.
Puedes verte a ti mismo comportándote como te gustaría en determinadas ocasiones. Tienes la posibilidad de verte tantas veces como quieras, hasta que estés satisfecho con lo que ves, al fin y al cabo eres el director de escena.
Puedes crear tu película, aquella en la que tú seas el protagonista. Puedes jugar saliendo a escena e imaginando cómo sería todo si cambiaras determinados comportamientos y actitudes. Será tu laboratorio de pruebas hasta que encuentres la fórmula que deje salir tu esencia.
¿Qué ves? ........... ¿qué sientes? …………….. ¿qué escuchas?
En esa zona nadie te juzga, ni siquiera tú. Simplemente observas, exploras, descubres…
Deja volar tu imaginación, que te lleve tan lejos como quiera, tanto en el espacio como en el tiempo.
Ya puedes regresar de tu viaje poco a poco. Si quieres, puedes anotar aquellas experiencias y descubrimientos que más te hayan impactado o interesado. Serán la guía de tu futuro.
Tener una visión a largo plazo te ayudará a orientarte y a tomar decisiones hoy, el momento en el que VIVES.
Esa visión será tu motivación, nunca una obsesión.
Igual que John Lennon imaginó su mundo perfecto, prueba a imaginar el tuyo, ¿cómo sería?

“…nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres.” – “La vida del Buscón” – Francisco de Quevedo.

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viernes, 30 de enero de 2015

Cuestión de Confianza

La confianza podemos entenderla como una vía de doble sentido, damos confianza y recibimos confianza y, además, también podemos entenderla como la seguridad que tenemos en nosotros mismos.
Cuando hablamos de confianza en nosotros mismos, la autoestima juega un papel importante. Su fortaleza nos ayudará a crear puentes que nos conecten tanto con nuestro interior, como con otras personas.
Si no confías en ti mismo, ¿quién lo va a hacer por ti?
Si la ponemos en un contexto relacional, podemos generar confianza en los demás y tener confianza en los demás.
Robert K. Cooper nos dice que confiamos en los demás cuando hay dos cualidades presentes en la relación:
1.    Sentimos que los demás nos entienden.
2.    Sentimos que se preocupan por nosotros
Empatía, paciencia y curiosidad son tres elementos que nos pueden ayudar a crear relaciones de confianza. Hablar claramente, con sinceridad, con respeto hacia quien tenemos en frente, incluso hacia los no presentes en el momento, escuchando de verdad, con todos los sentidos, dedicando el tiempo y el espacio a ello.
Coherencia, autenticidad. Predica con el ejemplo. Si criticas aquello que tú mismo permites no tendrás mucha credibilidad.
Aprende continuamente de cada situación. Descubre las oportunidades de mejora y aprovéchalas. Mejora tus competencias, habilidades, conocimientos. Amplía tu visión de conjunto y entiende cómo se relacionan unas cosas con otras.
Si haces promesas, cúmplelas. Si no estás dispuesto a cumplirlas, o no estás seguro de  poder hacerlo, no las hagas.
Confía y confiarán en ti. La confianza no tiene término medio, o confías o no confías.
¿Quién está dentro de tu círculo de confianza?
¿Qué haces tú para generar confianza en los demás?
La vida es un todo indivisible en el que salen a escena todos tus personajes, los que te definen, los que conforman quién eres tú. Todos ellos te ayudarán a generar esa confianza.

“Entre las cualidades más esenciales del espíritu humano está la confianza en uno mismo y el crear confianza en los demás.” – Gandhi.

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lunes, 29 de diciembre de 2014

¿En tierra hostil?

Huida, parálisis, ataque son los mecanismos de defensa que nos proporciona el estrés, cuando considera que estamos en peligro, para ayudarnos a sobrevivir.

Son mecanismos automáticos de los que nos ha dotado la evolución y que nos han sido muy útiles en determinadas circunstancias, cuando nos adentramos en territorio hostil, para estar alerta y lograr sobrevivir ante una amenaza inminente. Hablamos de esas situaciones en las que pararnos a pensar y razonar nos llevaría al más fatal de los desenlaces, la muerte.

Sin embargo, hay otras circunstancias en las que, a pesar del peligro, también hay una gran oportunidad. Aquí la huida, la parálisis y el ataque no nos ayudan en absoluto. Aquí no se trata de sobrevivir, sino de adaptarse. Aquí el secuestro emocional nos provocaría un desgaste tal que boicotearía nuestra capacidad de adaptación.

Aquí lo importante es dar rienda suelta a nuestra creatividad, capacidad de atención, perspectiva y memoria. Esto nos permitirá aprender y adaptarnos al nuevo territorio desconocido, que no hostil. Este sería otro mecanismo de defensa, activado también por el estrés, cuando lo que necesitamos es adaptarnos.

Por tanto, es de vital importancia identificar en qué terreno nos movemos.

Como nos dice el Dr. Mario Alonso Puig, para pasar del mecanismo de supervivencia al de adaptación cuando vemos que estamos secuestrados por la amígdala, el centro emocional de nuestro cerebro, y nos encontramos ante una situación que requiere adaptación en lugar de supervivencia hemos de tener en cuenta:

1.    ¿Dónde estás fijando tu atención? Nuestra atención es selectiva, podemos elegir en qué nos fijamos. “Vemos donde miramos”.  

2.    Cómo son tus expectativas, tanto sobre ti como sobre los demás. Cuánto más elevadas sean mayor capacidad de adaptación. 

3.   Cómo te hablas a ti mismo. ¿Nos tratamos como nos gustaría que nos trataran los demás, o somos despiadados en nuestro dialogo interno? ¿Eres consciente?  

4.    Cómo te tratas ante el error necesario para el aprendizaje. ¿Te castigas, lo ocultas, aprendes de él…?

“Para adaptarnos tenemos que explorar, conocer, comprender y aprender los patrones que conforman  este nuevo entorno... La adaptación pide de nosotros no sólo apertura mental para explorar nuevas posibilidades, sino también la fortaleza emocional para atrevernos a hacer lo que tal vez antes no nos hemos atrevido.” – Dr. Mario Alonso Puig. 

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domingo, 30 de noviembre de 2014

El Síndrome de Estocolmo.

Hay relaciones de dependencia que nos hacen sentir “secuestrados”, sin embargo, a pesar de ello, las seguimos manteniendo tal y como están.

¿Acaso tenemos síndrome de Estocolmo?

Este tipo de relaciones pueden darse en el ámbito personal, pero también lo hacen en el profesional/laboral.

En ambos casos nos limitan, si no prestamos atención. Una relación es cosa de dos (al menos), si no nos gusta cómo nos hace sentir podemos tomar cartas en el asunto. Un pequeño cambio por nuestra parte puede obrar maravillas en una relación.

Somos seres sociales y, en general, necesitamos la aprobación de los demás, tanto que a veces pasamos por alto nuestra propia aprobación. Sin embargo, cuando esto se convierte en la norma, somos el copiloto de nuestra propia vida, dejando que sean otros quienes decidan en nuestro lugar.

Cuando eso ocurre, ha llegado el momento de hacer un alto en el camino y encontrar el equilibrio entre nuestras propias necesidades y las del grupo que nos acoge y necesita.

Esto nos puede desestabilizar, necesitaremos dedicarnos el tiempo suficiente para conocer nuestros puntos más vulnerables y aquellos otros que nos ayudarán en esta transición.

Entre los puntos vulnerables nos podemos encontrar con una inestabilidad emocional que nos conduzca a un nuevo secuestro, en este caso emocional, y que sean las emociones las que tomen el control, haciéndonos transitar por un camino desbordado de pasiones que nos agotarán y frustrarán a cada paso.

Sin embargo, si somos conscientes de esto, podremos construir estrategias que nos ayuden a ser más inteligentes emocionalmente hablando, utilizando aquellos puntos fuertes que nos dotarán del ritmo necesario para bailar con las emociones y definir nuestras relaciones.

“La emoción es algo fundamental para pensar eficazmente, tanto para tomar decisiones inteligentes como para permitirnos simplemente pensar con claridad.” – Daniel Goleman. 


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miércoles, 29 de octubre de 2014

La Constancia

La constancia, una cualidad que me ayuda a conseguir lo que quiero, con la que me siento cómoda y, sin embargo, de la que me resulta difícil hablar.

El tema surge tras una conversación con uno de mis lectores que me comentaba que le gustaría ser más constante, pero ser más constante en qué. En general, me decía. “En general es muy amplio”, conviene concretar un poco más.

Según la Real Academia Española, la constancia es la firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos.

La firmeza y la perseverancia indican un cierto grado de esfuerzo. Los propósitos nos sugieren que hemos de tener un tema en mente sobre el que aplicar la constancia, por lo tanto, “en general” no vale.

Al igual que la caminata más larga comienza con el primer paso, el esfuerzo más grande comienza con el primer gesto. Su repetición generará el hábito que necesitas incorporar en tu vida y satisfará a tu espíritu de superación.

Y qué me dices de tu actitud, ¿te ayuda a generar nuevos hábitos?

Pero volvamos al propósito, al para qué quieres ser más constante. Qué quieres conseguir. La motivación es el abono que necesita el esfuerzo. Sin motivación y sin ilusión no hay lugar para el desarrollo, son los aliados perfectos para forjar un nuevo hábito.

La motivación te ayudará a ser más dueño de ti mismo, te ayudará a priorizar el gozo a largo plazo sobre el placer inmediato. Será la luz en la oscuridad. La motivación te hará inasequible al desaliento. La motivación te dará fuerza de voluntad.

La constancia nos hace ver que somos vulnerables, que podemos flaquear, sin embargo, “el hombre constante mira hacia delante con la ilusión de alcanzar la cima deseada y por eso se mantiene firme, inalterable.” (Enrique Rojas).

Tu visión de futuro te ayudará a sortear los obstáculos del camino y a tomar decisiones sobre lo que es mejor, o no, hacer. Te dará libertad de elección.

¿Cuál es tu cima?, ¿cuál es el futuro que quieres crear?


“Comenzar supone mucho, pero perseverar es todo.” – Enrique Rojas.




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